Augusto Arana, autor del monumento a El Lebrijano: «Ser creativo es aprender a convivir con la duda»

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Monumento a Juan Peña El Lebrijano_Lebrija, julio de 2026_escultor Augusto Arana

La familia de Juan Peña El Lebrijano, el Ayuntamiento de Lebrija, y la ciudadanía en general, encargaron al escultor Augusto Arana el reto, difícil, de diseñar y ejecutar el monumento a la figura del cantaor más universal. El antecedente del monumento a Pedro Bacán, en la glorieta de entrada al municipio, ha resultado todo un éxito y éste no podía ser menos.

Augusto Arana describió el proceso, en sus palabras el día de la inauguración del monumento, lleno de dudas: «cuanto más te arriesgas, cuanto más te esfuerzas, más dudas aparecen. Ser creativo es aprender a convivir con la duda. Pero creedme cuando os digo que todo lo que hoy queda aquí está hecho con corazón, cabeza y alma».

El proceso creativo ha sido complejo: ha habido que ordenar el espacio, encontrar el equilibrio entre los distintos elementos que conforman el conjunto monumental y, sobre todo, representar un artista de una dimensión tan extraordinaria sin caer en lo evidente. En el lugar común.

Sigue Arana: «he procurado que la obra hablara también de su legado, de su espíritu y de la fuerza de su mensaje. Ha sido un parto largo y, en su última etapa, doloroso. No ha sido fácil llegar hasta este momento». En este punto, el escultor trebujenero tuvo palabras de agradecimiento a la familia de Juan Peña y al Ayuntamiento de Lebrija. «Gracias también a todas las personas que por su conocimiento, su trabajo, su apoyo y su confianza han hecho posible que este monumento llegara a buen puerto».

Las aspiraciones son todas encomiables: «Estoy convencido», sigue Augusto Arana, «que este conjunto escultórico se convertirá en un lugar de encuentro, un espacio que llevará el nombre de El Lebrijano más allá de Lebrija, y que al mismo tiempo proyectará la grandeza del flamenco de esta tierra. Juan fue un artista valiente, un pionero que abrió caminos y amplió los horizontes del flamenco. Tuvo el coraje de explorar nuevas formas sin perder nunca sus raíces, y dejó una senda abierta por la que otros seguirán transitando».

Es por esto que la alegoría, que forma parte del conjunto monumental junto a la figura de Juan, deja abierta en su último tramo la rueda: «un camino que no se cierra, porque el legado continúa». A partir de ahora, «dejo espacio para las miradas, las emociones y la interpretación de quien la contempla. Cada persona dejará aquí una lectura distinta, un recuerdo o una emoción propia».

Augusto Arana termina su discurso deseando que «este lugar sea digno de la memoria de Juan y también de este pueblo, que es casi el mío. Que quienes pasen por aquí no solo encuentren el recuerdo de un artista irrepetible, sino también el de un hombre que buscó nuevos caminos sin renunciar jamás a la verdad de sus raíces. Y que el tiempo sea quien termine esta obra y que la convierta en un símbolo de este pueblo».

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Lebrija dedica un conjunto-monumento a Juan Peña El Lebrijano en la calle Ignacio Halcón, integrándolo en un eje patrimonial como extensión del Centro de Flamenco. Su ubicación destaca por la baja circulación de vehículos, garantizando accesibilidad universal sin barreras arquitectónicas y el disfrute lúdico del público.

La distribución espacial de los elementos escultóricos viene dada por una corchea musical: la plica actúa como pasarela de acceso a la cabeza, donde se ubica la escultura principal; mientras que el corchete aloja una escultura de carácter alegórico. Un parterre de romero conecta la figura musical con una gran L que forma el contorno exterior del conjunto.

Las esculturas de bronce y granito en los elementos constructivos aseguran perdurabilidad histórica y una atractiva armonía cromática. La pieza principal muestra a Juan de pie, cantando, adelantando la mano derecha e indicando con el índice. Su concepto plástico alterna llenos y vacíos, concavidades y convexidades, haciéndola cercana a la figuración geométrica. Las esculturas conservan las texturas del modelado para resaltar la gestualidad y expresividad plástica de la obra. En la base de granito figura la inscripción en hueco relieve LEBRIJA A JUAN PEÑA EL LEBRIJANO.

Complementando a la figura principal se alza una alegoría sobre la trayectoria e investigaciones y aportaciones de El Lebrijano al flamenco. Rinde tributo a sus referentes familiares y artísticos:

  • Antonio Mairena, mediante un sobrero de ala ancha.
  • La Niña de los Peines se evoca mediante un mantoncillo de lunares.
  • Su madre, María Fernández «La Perrata», a través de su perfil y característico moño.

Todos los elementos representados quedan insertados en una composición de formas circulares, inspirado en la rueda del carro, símbolo del pueblo gitano. Su desarrollo horizontal y ascendente da como resultado la idea estética y plástica que se ha querido transmitir.

  • El tramo final de la alegoría fusiona la música árabe-andalusí, representada por la media luna, la música flamenca y la sinfónica, simbolizada en la guitarra y el violín, respectivamente.
  • Una paloma corona el remate como símbolo de libertad artística, creadora y gitana.

Escultura y alegoría dialogan en el mismo espacio y tiempo, imbricadas en un conjunto cargado de simbolismo que constituye un emotivo homenaje permanente a la genialidad del artista, para enriquecer la memoria viva del flamenco.

* Descripción del Conjunto Monumental a Juan Peña El Lebrijano del díptico de la Inauguración del monumento de Augusto Arana (28 de julio de 2026).

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Monumento a Juan Peña El Lebrijano_Lebrija, julio de 2026
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Monumento a Juan Peña El Lebrijano_Lebrija, julio de 2026

Benítez: «A mí me llaman mucho la atención las manos de los cantaores. Una mano es más expresiva que una cara»

Parece ser que no le gusta exponer. Pero el pintor más prolífico y personal que ha dado este pueblo, José Benítez, tenía guardada, para asombro de todos y de todas, una colección numerosa de retratos de artistas flamencos de Lebrija. Hechos con una técnica que, en parte, transmite realismo, y en parte irradia el misterio y el magnetismo que produce el propio arte flamenco.

Lebrija ha podido disfrutar de estos retratos durante la celebración de la #61Caracolá, el pasado mes de julio de 2026, en la sala de exposiciones de La Misericordia. Un espacio que el propio Benítez animó a convertir en sala de exposiciones, tras su rehabilitación allá por la década de los 90 del siglo pasado.

Todas las sagas o familias gitanas retratadas en esta colección de pinturas mediante un aerógrafo, o pulverizador, que utiliza Benítez para aplicar la pintura. Sobre esta técnica y su afición al flamenco hablamos en esta entrevista:

José Benítez: «La aerografía tiene miles de años. Ya en las cuevas, los primeros artistas aerógrafos fueron los cavernícolas. Ponían sangre en la boca, ponían las manos, y pulverizaban con la boca. Ya eso era aerografía. Eso no lo he inventado yo. Lo que pasa es que las herramientas tú las usas como tú quieres, según tu capacidad creativa».

LebrijaFlamenca: Habíamos dudado de que realmente fueran dibujos o, quizás, en los años en los que vivimos, retratos hechos con inteligencia artificial (es broma).

José Benírtez: «Previamente está hecho el dibujo. Busco la foto que yo quiero y hago los bocetos y el dibujo. Luego, con al aerografía, en un solo tono, le contorneo todo lo que es el dibujo y le doy el sombreado. Prácticamente es un dibujo con volumen. La aerografía le da un efecto pulverizado, que parezca como fotográfico. Y encima tienen la pincelada suelta de acrílica, mi personalidad».

LebrijaFlamenca: Claro, eso es lo que hace que se vea que son dibujos tuyos. Y además es que transmiten emoción.

José Benítez: «Mira, Miguel Funi por ejemplo, está hecho con carboncillo. Daniel (Salguero) y La Perrata también los he hecho con carboncillo. Inés (Bacán) es puro carboncillo y Diego (Vargas) es carboncillo y lápices de colores.

LebrijaFlamenca: ¿Y los fondos por qué son tan coloridos?

José Benítez: «Para unificar lo que es la expresión flamenca, esa rabia y esa expresividad que tiene el flamenco. Yo de flamenco no entiendo, pero del arte no hay que entender muchas veces. En el caso del flamenco, yo escucho a El Lebrijano, a Camarón o a Joselito (Valencia) cantar y se me pone la carne de gallina. Con estas pinturas, se supone que mucha gente no entiende de pintura, pero seguramente al ver las pinturas algo pasa en ellos».

LebrijaFlamenca: Y otra cosa que pone en valor tu exposición, es la cantidad de artistas que tiene Lebrija, la nómina tan numerosa de artistas.

José Benítez: «Bueno, al principio traía cuatro retratos, por ejemplo, de El Lebrijano. Tengo varios de cada uno. Pero al final he elegido un retrato por artista. Y hay algunos artistas que no están. La idea mía nunca ha sido hacer una exposición, pero los puse en instagram…».

LebrijaFlamenca: Sí, ya, lo sabemos. Y gente como nosotros te dijeron que para cuándo la exposición. ¿Y sueles escuchar flamenco en directo?

José Benítez: «Sí, claro. Me acuerdo, por ejemplo, la última Caracolá en la que cantó El Lebrijano. Me acuerdo de la sensación que me produjo, sobre todo impresión y la emoción. Se me saltaban hasta las lágrimas, fue increíble. Y yo no entiendo de flamenco. Por eso te digo que no hace falta entender».

LebrijaFlamenca: ¿Y en qué te fijas tú de los cantaores?

José Benítez: «A mí me llaman mucho la atención las manos de los cantaores. Una mano puede ser más expresiva que una cara. El 80% de las personas no le dan valor a una mano y una mano es muy complicada de dibujar, una mano que cuente algo… Por ejemplo, las manos de Van Gogh de los trabajadores o de los cogedores de patata… te están hablando de la pobreza, del sufrimiento del campo y de los trabajadores».

#61Caracolá Exposición de retratos flamencos de Benítez

#61Caracolá Mesa redonda_1976-2026 Artistas gitanos comprometidos con la libertad

En el año 1976, del que ahora se cumplen 50 años, se estrenaron tres obras de arte, tres obras maestras, de los artistas flamencos lebrijanos. Un año 1976, en el que hacía pocos meses de la muerte del dictador,

Aún estaban vigentes las leyes de Franco y el camino hacia la democracia no estaba nada claro ni definido. Las fuerzas continuistas del régimen convivían con una fuerza mucho más humana, solidaria, una fuerza diversa, que reunía distintas sensibilidades, pero que tenía un sentido claro: ni un paso atrás hacia la barbarie, todos empujando hacia la apertura, hacia la libertad.

En España y en Madrid, la ultraderecha campaba a sus anchas, con el agravante de que llevaban pistolas: no hay más que recordar los asesinatos de Atocha, que fueron en el 77. En Andalucía, las huelgas y las movilizaciones obreras fueron muy numerosas y decisivas en el camino hacia la democracia. Lebrija también es ejemplo de esto, con el Partido de los Trabajadores al frente.

En el terreno cultural, se intentaba dejar atrás una cultura rancia y oficial, para abrirse a la vanguardia y al futuro. Pocos hubieran dicho que el flamenco también participó de esta apertura. El pueblo gitano sumó a la lucha por la libertad su propia lucha por la identidad. Por primera vez, los gitanos hablaban de los gitanos. Hablaban de su historia de persecuciones y de sus reivindicaciones. Querían, ellos también, un mundo mejor.

En Lebrija los artistas gitanos se lanzan a esta aventura, no sin riesgos. Con unos niveles de excelencia y de calidad artística, además, que se analizan en la mesa redonda de la #61Caracolá EL CANTE QUE NAQUERA, con la presencia de los creadores y protagonistas Manuel de Paula, Concha Vargas y la hija de Juan Peña El Lebrijano, Ana Belén Peña.

La bailaora Concha Vargas fue pareja de baile de Mario Maya en el primer Camelamos Naquerar. que se entrenó en la Universidad de Granada en ese 1976. Goza de buena memoria, así que empieza la mesa redonda recitando unos versos de Pepe Heredia Maya y contando anécdotas de esa representación y la gira que la llevó a las principales ciudades españolas y a París en el 1977.

Manuel de Paula era un joven cantaor por aquellos años 70, relacionado con la vanguardia cultural a través del productor del disco Romance de Manuel Justicia, un tal García Pelayo, director de cine y productor también de Triana y Lole y Manuel. Junto a Antonio Atienza, que hizo las letras, y las guitarras de Pedro Peña y Pedro Bacán, sacaron un disco ambicioso y comprometido con los más vulnerables: «Yo hice el disco que pedían los tiempos», explica Manuel de Paula en la mesa redonda celebrada en el Patio de San Francisco en Lebrija.

Ana Belén Peña era solo una niña en 1976, cuando salió el disco de Persecución de su padre Juan Peña El Lebrijano con textos de Félix Grande. Fue como una unidad didáctica cantada, sobre la historia de los gitanos en primera persona. «Debería haber unidades didácticas en los colegios, hoy en día, para que se explique esta parte de la historia que ha estado silenciada, una historia de persecuciones y discriminación hacia los gitanos», reivindica en la mesa redonda. En la mesa redonda interviene también el historiador y director de escena, el lebrijano Miguel Ángel Vargas.

No podía faltar el cante, que lo trae al siglo XXI el jovencísimo Manuel Monge, acompañado de la guitarra de Curro Vargas. Un trabajo excepcional, ya que ha interpretado un tema de cada una de las obras de arte. A las palmas, Alonso, Kilito y Ángel del Viá. Y en primera fila, la familia lebrijana del cantaor, que aunque es nacido en Jerez está emparentado con José Vargas El Viá de Lebrija.

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#61Caracolá 2026_Mesa redonda_El cante que naquera_Foto WMax
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