
El escultor trebujenero espera que este espacio se convierta «en un lugar de encuentro y en el recuerdo de un artista irrepetible»
La familia de Juan Peña El Lebrijano, el Ayuntamiento de Lebrija, y la ciudadanía en general, encargaron al escultor Augusto Arana el reto, difícil, de diseñar y ejecutar el monumento a la figura del cantaor más universal. El antecedente del monumento a Pedro Bacán, en la glorieta de entrada al municipio, ha resultado todo un éxito y éste no podía ser menos.
Augusto Arana describió el proceso, en sus palabras el día de la inauguración del monumento, lleno de dudas: «cuanto más te arriesgas, cuanto más te esfuerzas, más dudas aparecen. Ser creativo es aprender a convivir con la duda. Pero creedme cuando os digo que todo lo que hoy queda aquí está hecho con corazón, cabeza y alma».
El proceso creativo ha sido complejo: ha habido que ordenar el espacio, encontrar el equilibrio entre los distintos elementos que conforman el conjunto monumental y, sobre todo, representar un artista de una dimensión tan extraordinaria sin caer en lo evidente. En el lugar común.
Sigue Arana: «he procurado que la obra hablara también de su legado, de su espíritu y de la fuerza de su mensaje. Ha sido un parto largo y, en su última etapa, doloroso. No ha sido fácil llegar hasta este momento». En este punto, el escultor trebujenero tuvo palabras de agradecimiento a la familia de Juan Peña y al Ayuntamiento de Lebrija. «Gracias también a todas las personas que por su conocimiento, su trabajo, su apoyo y su confianza han hecho posible que este monumento llegara a buen puerto».
Las aspiraciones son todas encomiables: «Estoy convencido», sigue Augusto Arana, «que este conjunto escultórico se convertirá en un lugar de encuentro, un espacio que llevará el nombre de El Lebrijano más allá de Lebrija, y que al mismo tiempo proyectará la grandeza del flamenco de esta tierra. Juan fue un artista valiente, un pionero que abrió caminos y amplió los horizontes del flamenco. Tuvo el coraje de explorar nuevas formas sin perder nunca sus raíces, y dejó una senda abierta por la que otros seguirán transitando».
Es por esto que la alegoría, que forma parte del conjunto monumental junto a la figura de Juan, deja abierta en su último tramo la rueda: «un camino que no se cierra, porque el legado continúa». A partir de ahora, «dejo espacio para las miradas, las emociones y la interpretación de quien la contempla. Cada persona dejará aquí una lectura distinta, un recuerdo o una emoción propia».
Augusto Arana termina su discurso deseando que «este lugar sea digno de la memoria de Juan y también de este pueblo, que es casi el mío. Que quienes pasen por aquí no solo encuentren el recuerdo de un artista irrepetible, sino también el de un hombre que buscó nuevos caminos sin renunciar jamás a la verdad de sus raíces. Y que el tiempo sea quien termine esta obra y que la convierta en un símbolo de este pueblo».
Homenaje en el corazón de Lebrija

Lebrija dedica un conjunto-monumento a Juan Peña El Lebrijano en la calle Ignacio Halcón, integrándolo en un eje patrimonial como extensión del Centro de Flamenco. Su ubicación destaca por la baja circulación de vehículos, garantizando accesibilidad universal sin barreras arquitectónicas y el disfrute lúdico del público.
La distribución espacial de los elementos escultóricos viene dada por una corchea musical: la plica actúa como pasarela de acceso a la cabeza, donde se ubica la escultura principal; mientras que el corchete aloja una escultura de carácter alegórico. Un parterre de romero conecta la figura musical con una gran L que forma el contorno exterior del conjunto.
Las esculturas de bronce y granito en los elementos constructivos aseguran perdurabilidad histórica y una atractiva armonía cromática. La pieza principal muestra a Juan de pie, cantando, adelantando la mano derecha e indicando con el índice. Su concepto plástico alterna llenos y vacíos, concavidades y convexidades, haciéndola cercana a la figuración geométrica. Las esculturas conservan las texturas del modelado para resaltar la gestualidad y expresividad plástica de la obra. En la base de granito figura la inscripción en hueco relieve LEBRIJA A JUAN PEÑA EL LEBRIJANO.
Simbología y referentes en la alegoría
Complementando a la figura principal se alza una alegoría sobre la trayectoria e investigaciones y aportaciones de El Lebrijano al flamenco. Rinde tributo a sus referentes familiares y artísticos:
- Antonio Mairena, mediante un sobrero de ala ancha.
- La Niña de los Peines se evoca mediante un mantoncillo de lunares.
- Su madre, María Fernández «La Perrata», a través de su perfil y característico moño.
Todos los elementos representados quedan insertados en una composición de formas circulares, inspirado en la rueda del carro, símbolo del pueblo gitano. Su desarrollo horizontal y ascendente da como resultado la idea estética y plástica que se ha querido transmitir.
- El tramo final de la alegoría fusiona la música árabe-andalusí, representada por la media luna, la música flamenca y la sinfónica, simbolizada en la guitarra y el violín, respectivamente.
- Una paloma corona el remate como símbolo de libertad artística, creadora y gitana.



Escultura y alegoría dialogan en el mismo espacio y tiempo, imbricadas en un conjunto cargado de simbolismo que constituye un emotivo homenaje permanente a la genialidad del artista, para enriquecer la memoria viva del flamenco.
* Descripción del Conjunto Monumental a Juan Peña El Lebrijano del díptico de la Inauguración del monumento de Augusto Arana (28 de julio de 2026).











