Luis de Chimenea busca su centro en el recital de la #azoteaFlamenca de Lebrija

El cantaor lebrijano forma parte de la programación del Congreso Internacional Elio Antonio de Nebrija 2022

Luis de Chimenea se presenta en la #azotea de la Peña Flamenca de Lebrija acompañado de la guitarra de Curro Vargas y a sabiendas de que se trata de un hito importante en su trayectoria profesional: un recital flamenco en solitario, después de una larga trayectoria curtida en fiestas familiares y espectáculos flamencos que ha producido él mismo y en los que ha protagonizado la parte más festera.

Llenazo absoluto en la #azoteaFlamenca en un recital que forma parte de las actividades paralelas del Congreso Internacional sobre Elio Antonio de Nebrija que se está celebrando en Lebrija del 3 al 10 de julio. Había congresistas entre el público, socios de la Peña Flamenca «Pepe Montaraz» y un montón de aficionados seguidores de Luis de Chimenea que en este año 2022 están a la expectativa también de su primer trabajo discográfico anunciado en redes: Luis de Chimenea saca su primer disco y lo presentará en el Teatro Municipal el 11 de octubre.

Luis de Chimenea tiene el cante y el compás de Lebrija metido en las venas. Se ha formado desde niño en fiestas y reuniones familiares. La soleá y las bulerías de Lebrija las domina de la forma más natural e innata. A la seguiriya se enfrentó por vez primera en público. Quiso homenajear al maestro Pedro Peña Fernández con unas bulerías al golpe e hizo disfrutar al público también con los tientos-tangos (fui piera y perdí mi centro) y los fandangos. La guitarra de Curro Vargas escoltó al cantaor e hizo falsetas de pedrería flamenca.

El fin de fiestas es único en Lebrija. Salen espontáneamente palmeros del público, que marcan el compás con maestría. Luis de Chimenea se adueña del escenario. Baile también de gran calibre con Lucía Benavides de Utrera y la fuerza y la zaranda lebrijana de Paula Vargas. La guitarra se pone en pie y el cante se pone dulce, canción por bulerías para finalizar de lujo con los aires frescos de la noche de verano.

REPORTAJE FOTOGRÁFICO

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#azoteaFlamenca 2022_Luis de Chimenea y Curro Vargas


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#azoteaFlamenca 2022_Luis de Chimenea y Curro Vargas

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#azoteaFlamenca 2022_Luis de Chimenea y Curro Vargas

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#azoteaFlamenca 2022_Luis de Chimenea y Curro Vargas

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#azoteaFlamenca 2022_Luis de Chimenea y Curro Vargas

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#azoteaFlamenca 2022_Luis de Chimenea y Curro Vargas

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#azoteaFlamenca 2022_Luis de Chimenea y Curro Vargas

Juana Vargas: «Me hubiera gustado llamarme por mi madre, a mí me decían la Juana de Ramona»

La cantaora lebrijana actúa el 20 de julio en la #azotea de la Peña Flamenca, acompañada de la guitarra de Curro Vargas

Cuando el cante es por necesidad, una no se pregunta los porqués de cantar. ¿Por qué ahora? Juana Vargas vuelve a los escenarios, después de demasiados años de un negro silencio. Y lo hace porque lo necesita y porque para ella el cante es su vida. Su nieto le ha dado el último empujoncito y Lebrija le va a corresponder con el aforo de uno de los escenarios más flamencos de esta #57Caracolá lleno hasta la bandera.

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#57Caracolá Entrevista a Juana Vargas 2022

LebrijaFlamenca.com: ¿Qué tienes preparado para tu vuelta a los escenarios, Juana?

Juana Vargas: Voy a cantar todos los cantes que me gustan a mí, voy a cantar por soleá, por cantiñas… todos los cantes que me gustan a mí mucho. También por bulerías, por fandangos, por mineras…

LebrijaFlamenca.com: Los cantes de Lebrija.

Juana Vargas: Claro, todos los cantes de Lebrija, los cantes del tío Chozas. Todo lo que me salga de Lebrija lo voy a hacer.

LebrijaFlamenca.com: ¿Y qué supone para ti cantar?

Juana Vargas: Me supone todo, porque esto es lo que me ha gustado a mí siempre desde chiquetilla. Íbamos a trabajar y me decían: «ahí viene la Juana de Ramona» por mi madre. Me hubiera gustado llevar el nombre de ella, pero después ya lo perdí. Porque a mí me decían la Juana de la Ramona con mucho cariño.

LebrijaFlamenca.com: Juana, tú eres cantaora de gañanías.

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Fiesta en El Escudo de la Merced en Jerez 2022

Juana Vargas: Claro, yo he visto a mucha gente cantar en las gañanías y he visto muchas fiestas. A la Tía Juana del Pipa la conocí yo cogiendo aceitunas en los cortijos, que bailaba que quitaba todo el sentío. A muchos cantaores los conocí en los cortijos, a El Mono, a todos los hermanos de El Mono que cantaban todos. A toda esa gente los conocí yo en las gañanías.

LebrijaFlamenca.com: ¿Y en las gañanías cuándo se cantaba, en los descansos?

Juana Vargas: Cuando comíamos por ejemplo, pues uno hacía una cosa. otro hacía otra cosa, antes de dormir… y ya formábamos una fiesta. Pero algunas veces el manijero nos decía «ya está bien, que hay que dormir que mañana salimos muy temprano». Y ya nos desbarataba la fiesta. Pero aquello era que no veas.

LebrijaFlamenca.com: ¿Qué es lo que te ha animado a volver a cantar, Juana?

Juana Vargas: Mi nieto, que le gusta mucho cantar también. No canta flamenco pero canta muy bonito. Y me pongo a cantar con él cositas, baladas y cosas de esas.

LebrijaFlamenca.com: ¿Eres consciente de que la gente tiene muchas ganas de escucharte?

Juana Vargas: La gente me dice que tiene ganas y que van a venir a verme. Yo no me creía que la gente de Lebrija iban a tener tantas ganas de verme. Yo siempre he esperado que me quisieran, pero tanto no. La gente dice que tiene ganas de ir a verme con el corazón. Y yo me pongo mala, que hace mucho que no canto. Hoy un hombre se ha parado a abrirme la puerta y dice que era fan mío, del Funi y mío (risas).

BAR PAULA_Lebrija por bandera

Lebrija entrega el Caracol de Oro 2022 al desaparecido Bar Paula que forma parte de la historia del flamenco

En esta época en la que vivimos, en la que funciona mejor y triunfan las grandes producciones flamencas, Lebrija rinde homenaje y le entrega el Caracol de Oro 2022 a un espacio desaparecido, a un lugar de encuentro, a la barra de un bar… a un momento espontáneo, a la fiesta gitana, a media hora de cante que te transforma y que vale más que toda una vida.

Al final de la década de los 50 del siglo XX, el matrimonio formado por Francisco Paula y María Valencia deja las tareas del campo para montar un negocio. El Bar Paula que ha ido cambiando de ubicación pero que siempre ha conservado, a lo largo de las décadas y hasta pocos años antes de la pandemia, el ambiente flamenco. Una tasquita primero en la calle Trinidad, el bar después más próximo a la Plaza de España en Lebrija, y finalmente El 1 de San Román en Sevilla, este establecimiento forma parte ya de la historia del flamenco y así se le va a reconocer en la 57 edición de la Caracolá Lebrijana el próximo 23 de julio.

El Bar Paula forma parte también de la historia de la Caracolá. Muchas decisiones se tomaron entre sus paredes. Aficionados al flamenco ligados a su fundación pasaron largas horas y entre copas y cantes idearon el festival flamenco lebrijano.

Artistas y cantaores aficionados de Lebrija han protagonizado momentos que quedarán en la memoria de aquellos que lo vivieron. Un mostrador de madera adornado con una gruesa soga servía de soporte para nudillos expertos en compás. Un cuartito al fondo buscaba la intimidad del arte, a semejanza de otros bares o templos del flamenco ubicados en Sevilla y Madrid. Las paredes se adornaban con fotografías de los cantaores de culto, de toreros y de escenas costumbristas de Lebrija tomadas por Mario Fuentes Aguilar.

Durante las décadas gloriosas de los años 70 y 80 en Lebrija, el cante gitano de buenos aficionados como el Lagaña y Bastián Bacán sonaba entre las paredes de un bar que gemía por seguiriyas y soleá. Cuando Juan José Vargas El Chozas dejaba por unos días los cortijos y gañanías y aparecía por su ciudad natal, desplegaba su personalidad cantaora en el interior de este bar, testigo de sus genialidades flamencas.

Cuenta Pedro Bacán, en unas notas manuscritas que nos brinda su familia, que llegaba un 24 de diciembre a Lebrija y que se fue «para el sitio adonde me tenía que ir: al Bar Paula«. La sensibilidad del músico lebrijano nos transmite precisamente el encanto y la fascinación que representa un lugar como este bar en el imaginario flamenco y gitano: «Allí estaban casi todos los flamencos. Aquellos gitanitos esperaban celebrar la fiesta de Nochebuena que se aproximaba. Eran varias reuniones pero al mismo tiempo era una sola. Éramos muchas personas y una persona al mismo tiempo. Sabíamos quiénes éramos y lo que queríamos. Nos conocíamos en todos los sentidos y nos entendíamos. Aquello era algo quizás inexplicable, pero al mismo tiempo perceptible y admisible».

También el resto de los artistas profesionales de esta época han hecho historia en el Bar Paula. Curro Malena, Manuel de Paula, Miguel Funi, Juan Peña El Lebrijano, la guitarra de Pedro Peña… y otros muchos han vivido momentos memorables en este oratorio flamenco, donde al principio de sus carreras artísticas se organizaban los viajes con aficionados a otras localidades para verlos cantar y llevarse los premios. Era otra época en la que los aficionados también vivían de forma trascendental el flamenco.

Jornaleros gitanos de Lebrija, en días de lluvia, volvían con sus capachas al pueblo y se refugiaban en el Bar Paula. El propio Antonio Mairena coincidió una mañana con una cuadrilla y nunca pudo soñar con mejor compás por bulerías. Después de una jornada de cante sin medida, salió recitando: «Esta noche con mi borrachera, en el Bar Paula he puesto bandera».

De las familias y pueblos hermanos de Jerez y Utrera también visitaron el Bar Paula artistas como Tía Anica la Piriñaca o María Soleá. De Utrera Pepa de Benito y las más grandes voces de Fernanda y Bernarda de Utrera, que acompañaban a la rama lebrijana de los Pininis en las fiestas familiares que se prolongaban en el bar. En la foto, una de las pocas imágenes que se conservan del Bar Paula en Lebrija: Fernanda de Utrera en una fiesta improvisada el día después de un bautizo de la familia Pinini. Instantánea tomada por el fotógrafo alemán Robert Klein en el año 1981 y cedida para su publicación a LebrijaFlamenca.com por parte del archivo Flamenco Project del Ayuntamiento de Morón de la Frontera.

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Fernanda de Utrera en el Bar Paula de Lebrija (1981)_Fotografía de Robert Klein

La década de los 90 empieza ya en Sevilla. El 1 de San Román permanece ligado a la historia de la plaza y a la Hermandad de los Gitanos de Sevilla. Las mesas del bar sirven para aupar una saeta de Manuel Mairena y las madrugadas del Jueves Santo se alargan por bulerías tras la entrada del Cristo de la Salud y la Virgen de las Angustias en su propio templo. Treinta años como embajadores de la Lebrija gitana en Sevilla y dando fama a las mejores cabrillas y caracoles lebrijanos.

Porque la cocina de María Valencia merece mención aparte. El bar era conocido también por sus cazuelas gitanas. El pollo al ajillo se olía desde la plaza, que María cocinaba con especias de la Base de Rota. El pescado fresco y el marisco se podían encontrar en ocasiones especiales y otras tapas como la cola de toro, el menudo, el bacalao al horno y la carne en salsa eran su especialidad.