MIÉRCOLES SANTO 23 de marzo de 2016
Hermandad del Ecce – Homo de Lebrija
Canta: Luis de Chimenea
Saeta
Todas las actividades organizadas por la Hermandad del Ecce Homo de Lebrija y relacionados.
La Hermandad de los Gitanos de Lebrija presentaba esta semana el libro La Voz de Bronce, escrito por el periodista Antonio Ortega, y que relata la biografía del capataz sevillano Juanma Martín, «uno de los personajes más peculiares y controvertidos de la Semana Santa sevillana».
En el acto de presentación del libro, en la capilla de Belén, estuvo presenta la alcaldesa de Lebrija, María José Fernández, acompañada por la delegada de Cultura; así como toda la Junta Directiva de la Hermandad de los Gitanos y miembros de otras hermandades de Lebrija.
El capataz Juanma Martín, que ha llevado durante más de 30 años el paso del Señor de la Salud de la Hermandad de los Gitanos de Sevilla, «ha despertado admiración y fobias a partes iguales». La labor de investigación del autor del libro relata la vida «de quien tocó la gloria y rozó los infiernos», el capataz por excelencia de la Madrugá sevillana, que no se limitó a obedecer las normas de la ortodoxia de las cofradías y de la Semana Santa de Sevilla.
Es el primer libro que se dedica a un capataz y que relata no solo la vida de Juanma Martín, sino la historia de la transición de la Semana Santa sevillana, desde las cuadrillas de costaleros asalariados hasta nuestros días. Juanma Martín hacía, en los primeros años «en el mundo del martillo» una labor social con los costaleros de su cuadrilla, «de dudosa procedencia según el resto de las cofradías sevillanas». «Benditos golfos», relata Antonio Ortega, «que fueron los mejores costaleros de Sevilla».
Para el autor del libro, Juanma Martín «supo ralentizar los tiempos, darle al Señor de la Salud una manera de andar tan peculiar, con las marchas tan flamencas que le acompañan». Una gitanería que todavía conserva el Señor de la Salud con esa manera de «andar gitano».
Antonio Ortega es periodista y escritor. Ha trabajado en gran diversidad de medios y ha publicado al menos siete libros, relacionados con al Semana Santa y el flamenco.
La Zambomba de la Hermandad de los Gitanos se celebró en buen ambiente, aunque contenido, por el último acto de violencia de género ocurrido la pasada semana en nuestra localidad, y que se ha llevado a una hermana, prima, amiga, conocida por todos y muy querida, hija de una gran colaboradora de la Zambomba, la cantaora Juana Vargas. Tres minutos de silencio y lágrimas entre el público. El Coro Dulce Nombre de Esperanza sirvió para derretir el hielo de la noche y dar paso al flamenco.
Una Argentina encantada de cantar en esta tierra. Cuanto más la conoce, más viene. Porque sabe que es aquí donde hay que sorber, que descubrir,… donde hay que nutrirse de tantos artistas y aficionados que traen el flamenco en la cuna. Argentina ejecuta bien los cantes y tiene una voz privilegiada, respeta y se atreve. Su carrera profesional la lleva de una manera ejemplar, con nominaciones en los Grammy Latinos y un calendario de eventos en su web que cosechan pocos artistas en la actualidad.
Cantó un villancico de los más flamencos, que dió a conocer la Paquera de Jerez, con temática muy poco navideña: «Ya se van los quintos mare»… y continuó con el clásico entre los clásico: los Campanilleros, añadiéndole un bonito popurrí de letras al Niño Manuel. Acompañada magistralmente por la guitarra de José Quevedo «El Bolita» y por un cuerpo de palmas y percusión que difícilmente lo va a encontrar en otro lugar que no sea Lebrija.
Al fin de fiestas llegó con ganas y como si estuviera en casa. Repertorio de bulerías con las niñas de el Bocho y e Kilito sobre el escenario, para comérselas las dos. Un acto de generosidad que hay que elogiar, acudir a la invitación de la Hermandad de los Gitanos de Lebrija. ¡Chapeau por Argentina! Estamos seguros de que la veremos más por aquí.
Le precedió Juanelo y su grupo. Un joven cantaor de Los Palacios acompañado por la guitarra de Eduardo Rebollar. Comenzó con el villancico de Turronero «Y estaba la luna…» para continuar con el que hizo popular Fernando Terremoto «Diciembre». De Turronero a Terremoto, este chaval ha escuchado mucho y sabe elegir. Le dedicó el final por bulerías «a un gran cantaor de Lebrija, un gran gitano y un gran maestro como es Manuel de Paula». Así que ahí quedó dicho todo.
Después cantó Argentina y lo mejor estaba aún por llegar…