Periodista. Vivo en Lebrija.

La Yerbabuena regadla

El Festival Flamenco de Las Cabezas de San Juan rinde homenaje cariñoso al maestro Pedro Peña Fernández

Hay personas que a lo largo de su vida se han dedicado a regar la yerbabuena, para que crezca fresca y asilvestrada en los parterres del flamenco. El maestro lebrijano, maestro de oficio y de méritos, Pedro Peña Fernández, plantó la matita hace ya más de 50 años y no ha dejado de regar la planta rodeado de familia y buenas amistades que lo respaldaron el pasado 5 de julio en el Festival de la Yerbabuena Flamenca a pesar de su ausencia.

El también maestro, Juan Manuel Suárez Japón, se encargó de acercar la figura del tocaor, cantaor, integrante de una saga privilegiada del cante y, como destacó, «teórico del flamenco» refiriéndose a su libro publicado Los gitanos flamencos. Qué pocos gitanos teorizan sobre el flamenco y qué falta hace la teoría cimentada sobre una praxis excepcional como la de Pedro Peña Fernández. Aunque estaba ausente por motivos de salud, su hijo Pedro María Peña habló en su persona sobre los comienzos de todo, en la tasca de Luis Martínez, y sobre la fundación de la Yerbabuena Flamenca con la familia de Pedro de Miguel y otros muchos artistas y aficionados tanto de Las Cabezas como de Lebrija, dos pueblos vecinos hermanados por el flamenco.

La Yerbabuena Flamenca ha sabido crecer, sin perder la frescura, amparándose en los sentidos homenajes y recurriendo a artistas de primera fila con solvencia cantaora. Rancapino Chico se mece dulcemente por entre los recursos y los bienes que le ha dejado su padre, echando mano de los aires gaditanos.

Hay artistas que ya han llegado y son buenos; pero hay otros que se mantienen en una búsqueda permanente, a pesar de que la base está consolidada. Es la sensación que transmite Pedro María Peña en cada proyecto y en cada camino que transita, en esta ocasión junto al bajo de Rafa Díaz y la percusión de Lito Máñez. El mejor homenaje al abuelo lo hicieron Pedrito Peña y Sergio Aguilera con el Di Ana sello de la casa. Después nos llevaron a las noches de brujas que convocaban los mayores para regocijo del flamenco y por fin, muy apropiada la colaboración de José Pañero en un cruce de territorios.

La niña María Fernández «Terremoto» dejó atrás hace un tiempo su minoría de edad para meterse de lleno en los senderos más sinuosos del flamenco. Tiene fuerza y garra sobre el escenario y conoce los cantes desde pequeña. El compás de Manuel Valencia y JuenDiego Valencia la lleva en volandas, agrarrándose a la guitarra jerezana de Nono Jero. Es de esas artistas que transmiten seguridad, pero parece que se quiebra en cada instante.

Broche final del baile, derroche de tacón con Rafael Campallo. Siempre hay ganas de escuchar a El Londro en los cuadros de baile, y no defraudó junto a Javier Rivera.

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Yerbabuena Flamenca de Las Cabezas de San Juan 2019_Rancapino Chico

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Yerbabuena Flamenca de Las Cabezas de San Juan 2019

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Yerbabuena Flamenca de Las Cabezas de San Juan 2019_María Terremoto

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Yerbabuena Flamenca de Las Cabezas de San Juan 2019_Rafael Campallo

El flamenco sin fronteras de RAIMUNDO AMADOR en el Potaje Gitano de Utrera 2019

El cantaor de Lebrija José Valencia calló al público por seguiriyas en uno de los grandes momentos de la noche

El Potaje Flamenco de Utrera es éxito asegurado. Meter a más de 1.000 personas en un patio al aire libre para disfrutar de una noche de flamenco a lo grande viene siendo habitual en el fin de semana que Utrera estrena el verano. Cartel de calidad y un homenaje acertado, que este año se ha dedicado a la figura personalísima de Raimundo Amador y su guitarra eléctrica, con la que viene tocando a lo largo de su trayectoria musical blues y flamenco en un territorio sin fronteras.

El Potaje puede con todo y Raimundo comenzó tocando blues con sus compañeros de banda Manuel Romero, Humberto Girón y Raimundo Amador Jr. Dos temazos para colocar al público en esa zona donde «suena gitano» pero con gran influencia de otras músicas. Después la niña de Raimundo, Toñi Amador, cantó una balada metálica para el deleite de los oídos.

Subió Rosario Heredia, corista habitual de la banda de Raimundo, y nos encantó por soleá por bulerías, antes de empezar la fiesta. Recuerdos de Pata Negra y suben al escenario grandes artistas y mujeres de su familia que arropan al músico. Remedios Amaya, la Farruca, Carmen Amador y otras muchas que dejan su magisterio por bulerías.

Pero vayamos al principio, que esto pasaba cuando ya no podíamos más de tanto disfrutar de la noche y del flamenco. La artista de Utrera, por primera vez en el cartel del Potaje a pesar de su dilatada experiencia, Mari Peña, empieza de lujo por tonás y nos sorprende con un precioso romance acompañada de su marido Antonio Moya. Un repertorio muy trabajado, continúa por soleá y cantiñas con letras dedicadas a Manuel Molina. Precioso el coro de voces jóvenes de la familia con Rocío Peña, Manuela Moya, José Benito, Jesús Peña y Tete Peña en la percusión. Cantan por alboreá para introducir las bulerías que suenan a Lebrija y terminan en Utrera, rematando una actuación en la que se nota que han puesto toda la carne en el asador.

José Valencia se impone sobre el escenario utrerano, acompañado de la guitarra de Juan Requena. Las cantiñas las domina con seguridad y maestría. Soleá y abandolaos para demostrar también que hace lo que quiere con su garganta y con el compás, dibujando en el aire una estela de magia flamenca, innata en su persona y madura en su profesionalidad. Con la seguiriya calla al público que reacciona consciente de estar viviendo uno de esos momentos sublimes del flamenco. José ya se levanta y la lía por bulerías volviéndose loco él mismo y loco a un público entregado y rendido.

La artista sevillana Remedios Amaya es la que rinde el mejor homenaje a Raimundo Amador, cuanta sobre el escenario sus vivencias con él y destaca que «el arte le viene de casta». Lo admira como artistas, pero «por dentro lo camelo mucho más». Por tangos, pone «la rueda por bandera», la gitanería en lo más alto del mástil. Y por bulerías una desea que nunca acabe la fiesta. La diva gitana después vuelve a subir con Raimundo Amador sobre el escenario, convirtiéndose en el gran atractivo de la noche.

Festival flamenco a los pies de la muralla gitana en los Jardines del Valle de Sevilla

Aurora Vargas, Pansequito y Pastora Galván protagonizan un cartel en homenaje al cantaor sevillano José de la Tomasa

A José de la Tomasa, exponente cantaor del flamenco sevillano, le unen muchos vínculos con la Hermandad de los Gitanos de Sevilla. Con tal de acompañar al Señor de la Salud, fue aguaor de la cuadrilla de costaleros. Le ha cantado a muchos Cristos, pero según sus palabras, «cuando le canto al de los labios morados me tiembla el alma».

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II Festival Valle Gitano de Sevilla_junio de 2019_José de la Tomasa

El Festival Valle Gitano, organizado por segundo año consecutivo por la Hermandad de los Gitanos con la colaboración del Ayuntamiento de Sevilla, está llamado a consolidarse como festival flamenco de verano de la capital hispalense. El pasado sábado, 22 de junio, le rendía homenaje a José de la Tomasa que supo reaccionar al buen ambiente que se respiraba desde el público, y protagonizó un duelo por tonás con su nieto Manuel de la Tomasa de los que son difícil de olvidar.

El sitio es perfecto. A las espaldas de la Iglesia de los Gitanos y delante de la muralla mozárabe de Sevilla, con muy buena iluminación y sonido que agradecen los artistas. Rodeados de la vegetación de los jardines y el patrimonio histórico, cantó la esperada Aurora Vargas por alegrías y soleá. Se trata de una cantaora festera, pero con una peculiaridad: canta como nadie las penas por tangos y bulerías. Como la retama, amarga, dura y bravía, la artista sevillana se mueve sobre el escenario con la misma fuerza desde hace décadas.

Le sigue el cantaor portuense Pansequito, quizás el cantaor decano del panorama actual. Hace los cantes con sabor añejo y, tanto él como su mujer, sacan las letras de la enciclopedia del flamenco. Ambos cantaron acompañados de la guitarra de Miguel Salado. La taranta nos deja múos y solo nos queda mostrarle todos los respetos.

El cuadro flamenco que nos trae Pastora Galván no puede ser más afortunado. Al cante el Rubio de Pruna, a la guitarra El Perla y a las palmas el genial Bobote. Ella se mueve con descaro sobre el escenario y aporta color y gitanería, más si cabe, al festival flamenco. Hace magia con los flecos de su vestido y los Jardines del Valle se vuelven un bosque encantado.

Para terminar, vienen sones flamencos de otras tierras y desembocan en San Román. Un grupo de artistas cantan por bulerías y acompañan al remate final de Dani de Utrera y Rocío la Turronera.