Un Festival Flamenco por todo lo alto da el pistoletazo de salida a una iniciativa cultural sobrada de compás
Un gran cartel que combinaba con acierto a artistas aficionados y profesionales anunciaba el primer Festival Flamenco dedicado a José Vargas «El Viá», que supone el pistoletazo de salida para la creación de una Peña Flamenca en Lebrija dedicada a su figura. Un buen gitano, que no pudo dedicarse al baile por compromisos familiares, y que reúne sensibilidades de todas las familias gitanas de Lebrija. Una persona entrañable que, como decía la pantalla de fondo del festival, «ha dejado un eco eterno en la memoria de este pueblo».
Hay que destacar del festival el buen ritmo de las actuaciones y el respeto del público. Un ambiente distendido y relajado que dejó paso al silencio más absoluto en los cantes grandes. También la presencia de toda la familia de José «El Viá», encabezada por su viuda Juana Soto, con todos sus hijos, nietos y bisnietos. Su nieto Jesús Vargas se marcó un solo por bulerías a la guitarra, con un compás que no puede ser más que heredado. Un breve acto homenaje dio comienzo al festival, en el que el cante de las familias gitanas de Lebrija se hermanó con los artistas jerezanos.



El cajón de Juan Diego Valencia y las palmas de Manuel Valencia, Javi Peña, Alonso Carrasco y José Luis Vargas «Kilito» mantienen el compás durante todo el espectáculo.
El cante de Lebrija brilló desde el primer momento, con el eco por soleá de Isabel Malena, acompañada de la guitarra de Curro Malena. El cante viene de familia, como se demostró en el cuadro siguiente con el arte y el age de Manuel Vargas «El Feíto» por bulerías de la tierra; y un Antonio Carrasco «el Maleno» que le puso voz al romance para el baile de Paula Vargas y Maite Padilla. A la guitarra se sumó Rafael Falcón. Los hermanos Malena Carrasco al cante y Luis Carrasco al acompañamiento, pusieron fin por tangos y bulerías a este bloque netamente lebrijano.




Las familias gitanas de Lebrija y de Jerez están estrechamente emparentadas. Y el cante se comparte con matices. Manuel de la Nina comienza por cantiñas, se atreve por seguiriyas y termina con pataíta por bulerías, con el magisterio de la guitarra de Manuel Valencia. Esta guitarra jerezana también acompañó a Felipa la del Moreno por tientos y por bulerías, poniendo de manifiesto el poderío de la raíz gitana en el municipio vecino. Viene desde Utrera el baile enérgico de la joven Lucía Benavides, que se va forjando su carrera en numerosos escenarios, esta vez acompañada del cante de Manuel Junquera y de su fiel guitarra de Curro Vargas.
Antonio de la Malena ha venido en varias ocasiones a Lebrija, casi siempre acompañando al baile. Es un lujo poderlo escuchar en primera fila, con silla propia, con el acompañamiento a la guitarra de su hijo Antonio y por soleá por bulerías, una seguiriya para enmarcarla y un final por bulerías acordándose de su familia, que es de Jerez y de Lebrija. Un recital completísimo y con jondura que supo apreciar el público, que escuchó con respeto y entusiasmo y jaleó a tiempo, como hacen los que saben.
Y llegó el vendaval. Con flecos fucsias que no dejaron de zarandearse con la fuerza y la gitanería de esta cantaora sevillana de nervio y tronío. Aurora Vargas lo dejó todo sobre el escenario. Lebrija le duele y en un alarde máximo de generosidad, se volcó con el respetable. Primero una soleá acompañada de Luis Carrasco a la guitarra, sacada directamente del pozo de las penas, indómita y esencial. Ni dos minutos duró sentada, para lanzarse al escenario con estampa de faraona, y por bulerías, sin descanso y a compás. Sacando a la Aurora festera, la Aurora fresca y gitana. Con acompañamiento de todo el grupo, y especialmente de sus cómplices a compás Juan Diego Valencia y Manuel Valencia, que la sacaron con dificultad del escenario ante la ovación del público. Le faltó besar el suelo de Lebrija.





























































