Viene acompañada de la nieta de Farrirri y el Carita, Paula Vargas, y con un broche final de Inés Bacán
«María, si tienes que dejar el campo, déjalo… si tienes que dejar el pueblo, déjalo… ya hemos penao bastante las mujeres de tu familia…»: la omaíta de la Moreno. Y ahora te digo yo, María, bien dejao y bien escogía tu profesión, dedicada al arte, eres necesaria.
Para la Lebrija flamenca se vino la cumpleañera, con 25 años como directora de compañía, muchos sacrificios y tantas fatigas, para ser admirada y respetada en el territorio flamenco. Debutó con Momentitos de locura y se fue de la Lebrija de buen barro con su Momento de Locura en la 61 Caracolá Lebrijana.
Era una apuesta bien recibida, bien aceptada y bien aconsejada, Enhorabuena por la contratación.

La honra de la sabiduría femenina en el flamenco debía estar en esta edición caracolera mediante Mujeres de Cal y Cante. Para la bailaora jerezana era su primera intervención en el festival lebrijano, lo contemporáneo resaltó en la Plaza del Mantillo, ¡¡Mariam habemus!!
El pasado sábado 11 de julio se abrió la primera noche de sábado de la Caracolá del 26. Llegó el espectáculo flamenco Mujeres de cal y cante para limpiar y purificar la tradición, lleno absoluto. Había muchas ganas de ver a este grupo, mucho revuelo para ir, entusiasmo y con mucha verdad en conversaciones para describir a María y al Malena.
Cuando la madrugá del domingo se despertó comenzó todo aquello. La bailaora no necesitaba decorado, solo los botijos del pueblo muy bien colocados del escenario. La escenografía de la Moreno fue el propio dolor humano de las bailaoras: Irene Olivares, Rocío Marín y la nieta de Farrirri y del Carita, Paula Vargas, que empezaban a llenar el escenario caracolero. Pero el peso dramático cae en la voz y era lo necesario para contar la historia que traía María del Mar Moreno: El Quini, Eva, Tamara, Juan y el maestro Malena, y estas voces tenían un fiel escudero de toque herido, como la guitarra de su hermano Santiago Moreno, y todo con el toque de libertad de «El Pájaro» en la percusión. Pero el broche lo traía la niña del Bacán, Inés, apuesta de la jerezana desde el primer momento, cuesta arriba y cuesta abajo pero es bonito llegar a la cima de Inés. Acompañada de la guitarra del lebrijano Antonio Malena.



Más de las 2 de la madrugá se apagó aquello, aficionados levantados de sus sillas, María lo dio todo y más, seguro que se alargó más por su agustera lebrijana. Ella quería contar la crudeza de los sentimientos de la mujer vestida de temporal, logró el momento de locura con la seguriya del Malena y su propio sufrimiento en su expresión bailando, la tostá de su tía Pepa le ha hecho efecto a Antonio en su eco, como está chiquillo Antonio, ¡¡ole!! Y María lo consiguió y lo hizo ¡¡¡sra, lo lograste!!!, y porque no un «Volveré» de Chiquetete.
María es una bailaora a la que le gustan que ocurran cosas. Por eso en cada escena que monta para cualquier evento contiene una atmósfera de penumbra, candilejas, una silla de enea , el color negro o rojo sangre, de su Jerez puro que lleva adentro. Deja una catástasis de fatigas, luto, persecución, desamor o muerte para su reivindicaciones. Por eso María del Mar Moreno todo lo que haga lo deja vivo, por eso La Moreno debía estar en esta Caracola, y por eso lo que pasé en la noche en Lebrija se lo dedicó a su madre, porque «bastante han penao las mujeres de tu familia¨.
Me hubiera gustado escribir de otra manera, con algunas palabras de la artista, algún gesto de ella, pero la prohibición cultural de los que creen que los artistas deben ser herméticos y sin libertad del calor de los allegados se equivocan. Aunque comprendo las normas de respeto y solemnidad para los artistas, la Caracola Lebrijana es muy grande para tener que admitir estas prohibiciones sin sentido.





