La lebrijana Anabel Valencia irrumpe con fuerza en una segunda parte tras el homenaje al cantaor local Manuel Cordero
Como la yerbabuena, el flamenco posee efectos terapéuticos sobre el cuerpo y la mente. Decenas de lebrijanos y lebrijanas acudieron el pasado viernes, 3 de julio, a la XXXV Yerbabuena Flamenca con la seguridad de pasar un rato de arte y convivencia en la Plaza del Santísimo Cristo de la Vera Cruz de Las Cabezas de San Juan. El festival cabecense se ha convertido, por su bien hacer, en una cita ineludible con el flamenco en la provincia sevillana.
Esta edición de 2026 la abre la artista local María José Soriano, acompañada de las guitarras de los lebrijanos Eusebio José García y Currito Malena. Además, se apoya en el compás también de Lebrija de Kilito padre e hijo y José Maleno. Seguidamente, Pedro El Granaíno canta con gusto y, acompañado de la guitarra de Gabriel Lorente trae a estas tierras a medio camino entre Sevilla y Cádiz, aires diferentes y cantes poco frecuentes como la vidalita.






YERBABUENA FLAMENCA PARA MANUEL CORDERO
Este año el galardón ha recaído en el cantaor local Manuel Cordero, que estuvo agradecido rodeado de su familia. Para el alcalde de Las Cabezas, José Solano, «el cantaor es una de las grandes figuras del cante local, ejemplo de estudio, constancia y compromiso con la tradición flamenca y la cultura de su pueblo». Su hija le dedicó unas sentidas palabras, además de la delegada de Cultura, África Castro; el presidente de la Peña Flamenca, y otros invitados, que coincidieron en enumerar las cualidades de este cantaor enciclopédico de Las Cabezas.






La yerbabuena posee propiedades aromáticas que ayudan a mejorar el estado de ánimo. Lo mismo pasa con el cante puro y sentido, desde el primer momento, de la lebrijana Anabel Valencia. Entró con fuerza con las cantiñas, y ya no se bajó del pedestal. Las malagueñas las imprime con personalidad, apoyada en las guitarras de Curro Vargas y el cabecense Juan de Clemente. Su fuerza la acrecenta con el compás rotundo por tangos de Juan Diego Valencia y Manuel Valencia a las palmas, y Manuel Moreno en la percusión. El cante gitano se le sostiene en la garganta en la seguiriya y para las bulerías son un equipo acompasado que no tiene rival. Su hijo sale a la pataíta final demostrando que este arte en Lebrija es de familia.
También dicen que la yerbabuena estimula la concentración. La diosa del baile Manuela Carrasco no necesita más que salir al escenario, con su sola presencia triunfa sobre las tablas. Añil y rojo para sus dos momentos. Acompañada al principio por la voz de El Tañé, en la soleá de El Extremeño es movimiento pausado, es pura concentración y gitanería. Manuela, no te retires nunca.










