«Vestir» la Cruz del Rincón es un ejemplo de unión y respeto por las tradiciones que dan sentido a la fiesta de la primavera lebrijana
La llegada de la primavera es en Lebrija una excusa para quedar. Las barriadas empiezan a organizarse para celebrar la fiesta de las Cruces de Mayo. Cualquier decisión se toma en colectivo y cualquier actividad se desarrolla con la colaboración de todas las personas. Es tiempo de comidas en común, de meriendas en plena calle y de actividades compartidas, como la limpieza de los metales o las cadenetas de flores de papel.
En la barriada del Rincón el grupo de whatsApp se altera. Todos y todas acuden a la llamada, y en todos hay una predisposición a colaborar. Las primeras tareas son más duras y requieren de grúa, se hacen la semana anterior a la primera de mayo. Se ponen el techo y los focos, que requieren de una instalación más profesional. También se organizan con cierta antelación algunas iniciativas como la venta de pins para coger algún dinero para la Cruz.
Después y durante una semana, entre comida y comida, dulces, tartas, pucheras y ajos, se van limpiando los metales, pelando las habas y haciendo acopio de colchas y otros utensilios domésticos que puedan adornar la Cruz. Cualquier decisión es una fiesta. Se respeta la estética tradicional, pero cualquier innovación es también motivo de celebración. Este año los vecinos del Rincón han estrenado una lámpara de papel de dimensiones inconmensurables, y ha habido risas para rato.
La Cruz se viste el mismo día que se celebra. Se queda a primeras horas de la tarde y algunas de estas actividades son de una belleza ejemplar. Por ejemplo el izado de las colchas morunas. Los vecinos de la Cruz del Rincón respetan al máximo la estética tradicional. Dotan a la decoración de una armonía casi mágica o celestial. Los metales sobre las colchas y finalmente el altar, que luce orgulloso el Almirez de Plata del pasado año 2025.
La calle convertida en el salón de baile principal de la casa grande que es Lebrija. Un trozo de la Fontanilla arriba con un microcosmos especial. El colorido y el calor humano reciben a las pandillas que visitarán la Cruz durante toda la noche. El ritmo trepidante de las sevillanas corraleras se mantiene durante la fiesta. y no hace falta que se diga: «¡hasta el día, hasta el día!».
Reportaje de fotos de los propios vecinos y vecinas de la Cruz del Rincón














































Qué alegría leer algo escrito desde el corazón, de alguien que vive lo que cuenta y sabe contar lo que vive. Enhorabuena por un por transmitir de esta forma tan sincero y sentida.
Un saludo