CONCHA VARGAS será el centro de la Fiesta en Lebrija

La bailaora lebrijana protagoniza en la Bienal el espectáculo que mostrará cómo se canta y se baila en una fiesta gitana

Concha Vargas dice sentirse a gusto entre la gente que ha reunido en torno a la «Fiesta en Lebrija«. Un espectáculo que se presenta este viernes, 19 de septiembre, con todas las localidades vendidas en uno de los escenarios más flamencos de la Bienal de Sevilla: el Hotel Triana.

Se trata de mostrar cómo se vive una fiesta en Lebrija. Una de tantas… porque el colectivo gitano de Lebrija vive y siente el flamenco, sobre todo en las celebraciones familiares. «Me siento a gusto», nos cuenta Concha Vargas, «con esta cantera de jóvenes artistas, algunos aficionados, que prometen para el día de mañana». Bailará lo propio, lo que se baila aquí en Lebrija: las bulerías arromanzás al golpe.

Fiestas en las que coinciden jóvenes y mayores, en las que los jóvenes aprenden de los viejos. La bailaora lebrijana destaca como «los jóvenes respetan a los mayores». Concha define el espectáculo como «la frescura de la juventud con el sabor de lo añejo».

Imágenes del ensayo de «Fiesta en Lebrija»:

Le pedimos un recuerdo: «la boa de mi primo Diego», nos cuenta. «Yo tendría 12 ó 13 años y recuerdo que me harté de bailar». Dice que hay fotos en el Bar Bocho.

Cómo una artista tan grande puede ser tan sencilla. Concha será el centro de la Fiesta en Lebrija el próximo viernes en la Bienal. También irá de artista invitada en el espectáculo «Reencuentro» de la Familia Fernández, el sábado 27 de septiembre. Además, está dando clases de baile magistrales, todo en el contexto de la Bienal.

En los próximos meses viaja a Toulouse (Francia), Japón y Estados Unidos.

Lebrija eleva el cante flamenco al cielo de Pinini

CONCHA VARGAS cierra la 49 edición de la Caracolá, un festival que el próximo año cumple su 50 Aniversario

Jesús Méndez comenzó la noche porque hacía doblete y se marchaba rápido a cantar en otro festival. El cantaor jerezano va cogiendo tablas y se siente más seguro con su potente voz encima del escenario. Acompañado por una guitarra de lujo, la de Manuel Valencia, se templó por tientos y seguiriyas; cantó unos fandangos que dedicó a Dolores Agujetas, presente en primera fila en el festival lebrijano, y a toda su estirpe, y finalizó por bulerías. Un lebrijano, Juan Diego Valencia, lo acompañaba en las palmas, con el Tarote, que protagonizó la pataíta final.

Presenta la Caracolá Lebrijana María Ruiz, que invita a subir a la delegada de Cultura del Ayuntamiento, Lola Gómez, al escenario.

¡Lo de Inés Bacán es un disparate! Sentada frente a la casa de sus padres, en la Plaza del Hospitalillo, dijo sentirse a gusto. Acompañada de la guitarra de Pedro María Peña y de las palmas de sus sobrinos Peña Peña (lo de insistir en el apellido Peña no es casual), la descendiente en cuarta generación de Fernando Peña Soto «Pinini», tiene una sabiduría en el cante que expone sin veladuras. Los lectores nos váis a permitir que dediquemos un artículo aparte a esta reina del cante jondo, que atrae a propios y extraños y que llena teatros por todo el mundo, porque desde su nana primera, en la que miraba al cielo con dolor; hasta la toná que nos ofreció de pura generosidad, todo merece la pena ser contado con mayor detenimiento. Con Inés se encoge el alma, se acelera el corazón y nunca te deja indiferente.

El veterano Pepe Montaraz es buen conocedor e intérprete de los cantes por malagueñas, fandangos abandolaos y todo tipo de cantes que ha desgranado a lo largo de su larga trayectoria profesional. Él y su guitarra Eusebio José García, hicieron honor a la Peña Flamenca que le debe el nombre, la única que hay hoy por hoy en Lebrija. Fin de la primera parte y la Plaza del Hospitalillo bien ambientada, aunque el lleno fue poco más de la mitad del aforo.

Miguel Funi se mueve con majestuosidad por el escenario. Cada gesto que hace es más gitano que el anterior. Las bulerías las templa al compás de Lebrija y es el que más se acerca a Utrera y la herencia de los Pinini, acompañado por la guitarra de Pitín Hijo. Quedarán para la historia de los 50 años de Caracolá las seguiriyas que entonó como solo él sabe hacerlo en estos tiempos.

Cierra la 49 edición de la Caracolá la señora del baile Concha Vargas, y todo un grupo de artistas acompañándola. Las voces de su hija Carmen Vargas y de Rubio de Pruna. Las guitarras de su hijo Curro Vargas y Luis Carrasco. Las palmas de José Vargas «Kilito», Juan Vargas «Pike» y Antonio «El Maleno». No hay bailaoras con tanta garra, con tanta fuerza no quedan. Solo con la mirada va marcando el territorio. La señora impone su ley, con los brazos y con el movimiento de cadera. Parece que no le queda escenario, nunca pierde el control, se planta cuando quiere y se vuelve como un torbellino cuando nadie lo espera.

Concha Vargas y su grupo nos ofrecen un final digno de la Caracolá Lebrijana. Un fin de fiestas para un festival que se ha distinguido a lo largo de la historia por sus magníficos finales, en los que los palmeros improvisaban la pataíta (anoche el «Pike» se atrevió dignamente ante la gran señora) y los aficionados hacían gala de su sabiduría. En esta 49 edición, una niña, Paula, alumna de Concha Vargas, subió al escenario para darnos esperanzas. Lebrija es un pueblo flamenco, y los artistas lebrijanos han llevado su nombre a lo más alto del firmamento, allá donde descansan los maestros y antepasados.