PEDRO EL GRANAÍNO EN LEBRIJA_El tiempo le hace crecer

El cantaor Pedro El Granaíno viene a Lebrija dentro del circuito de peñas sevillanas dedicado al Niño de la Huerta

A Pedro El Granaíno lo vimos en la Caracolá de 2017 y de un año para acá va encontrando, cada vez más, su sitio. Va impregnando los cantes, que coge de uno y otro lugar, de personalidad propia. El flamenco es lo que tiene, se bebe de las fuentes, y después se personaliza. Y El Granaíno ha bebido de fuentes diversas para ir encontrándose, poco a poc, a sí mismo.

Y una de esas fuentes podría ser Lebrija. Pedro Heredia Reyes reconoce el cante de Lebrija y sabe que aquí no hay ojana. Cuando nos visita, es con ganas de dar y también de recoger. Se le nota en el talante. El cantaor de Granada, aunqque muy joven se fue a vivir a Sevilla, ha encontrado su sitio en el flamenco, abierto a nuevas experiencias, pero respetando el origen. Y él lo sabe, el respeto lo va a encontrar en sitios como Lebrija.

Pedro El Granaíno ofreció un recital, en la Peña Flamenca de Lebrija, elegante y con solera. Destacó en unso cantes más que en otros. Soleá y granaína se llevaron la palma. Para enamorar con su cante señero, la Leyenda del Tiempo de el Granaíno suena más a la Alhambra y se identifica con Morente. A pesar de que la trayectoria del cantaor discurre más por esta parte de la AAndalucía occidental. El final fue por fandangos, para terminar de convencer.

Reportaje fotográfico en la Peña Flamenca Pepe Montaraz de Lebrija:

Flamenco

Pedro El Granaíno en la Peña Flamenca de Lebrija_noviembre 2018

Flamenco

Pedro El Granaíno en la Peña Flamenca de Lebrija_noviembre 2018




REPORTAJE FOTOGRÁFICO_III Potaje Gitano Infantil de Utrera

La Escuela de Arte de la Fundación Alalá, el grupo «Al Compás de Jerez», Esmeralda Rancapino y un fin de fiestas de Utrera_reportaje fotográfico de ANTONIO PÉREZ

No nos queda más que felicitar de nuevo a la Hermandad de los Gitanos de Utrera, que ha conseguido consolidar esta cita infantil en torno al flamenco. Y no es fácil Territorios infantiles: la niña Esmeralda Rancapino de la zona de Cádiz; la escuelita del Polígono Sur de Sevilla Alalá, con CaraCafé y la Toromba a la cabeza; el cuadro familiar «Al Compás de Jerez», con Manuela Carrasco y Juan Diego Valencia acompañando a sus niñ@s y un fin de fiestas de Utrera. Creo que no se puede pedir más.

Flamenco

Potaje Gitano Infantil de Utrera 2018

Flamenco

Potaje Gitano Infantil de Utrera 2018

Flamenco

Potaje Gitano Infantil de Utrera 2018

Flamenco

Potaje Gitano Infantil de Utrera 2018

Flamenco

Potaje Gitano Infantil de Utrera 2018

Flamenco

Potaje Gitano Infantil de Utrera 2018

Flamenco

Potaje Gitano Infantil de Utrera 2018

Flamenco

Potaje Gitano Infantil de Utrera 2018

Flamenco

Potaje Gitano Infantil de Utrera 2018

Flamenco

Potaje Gitano Infantil de Utrera 2018

Flamenco

Potaje Gitano Infantil de Utrera 2018

La verdad flamenca del mito de nuestra Medea

Dirección y guión de Pilar Távora con la batuta jerezana de la bailaora María del Mar Moreno

Hay mitos y leyendas desde el Mediterráneo al Atlántico, por el sur de Europa, que están en un pozo sombrío, sedimentado, cristalizado… pero nunca olvidado (ejemplo lo que ha hecho Pilar Távora). Y si les das una degustación a Lebrija, a Jerez, a Triana, a los Puertos, a la Alameda de Hércules (ay, tengo sangre en la boca), así los podemos disfrutar los apasionados de este lenguaje tan nuestro como es el flamenco.

Pilar Távora rebuscó en esas aguas históricas, errantes… y tejió de su espacio infinito de interpretación a una mujer de las entrañas de la tierra griega para aflamencarla y presentarla al mundo en Sevilla, en el Lope de Vega fue donde se fundió el lamento con el quejío, el desafío del desamor con el desgarro de la infidelidad. Hubo tanta verdad en las tablas que conmocionó hasta lo más hondo, y precisamente la jondura y  la pureza nos marcó el territorio del flamenco sin fronteras, relojes paraos, hasta que volvió a sonar el llanto de “nuestra Medea”. Crucé con Juan Diego Carrasco el horizonte griego, pero con la negrura de la mismísima memoria.

Nada más entrar en ese paraíso de Teatro me encontré a uno de los Hijos Predilectos de Iulia Romula Hispalis, que en lenguaje latín es Hispalis, al mismísimo Salvador Távora. Quería hablar con él y escuchar su sabia. Le dije que era de Lebrija, que pertenecía a la Hermandad de los Gitanos y que este año estamos celebrando los 50 años de su reorganización y que su nombre está escrito en Lebrija y sobre todo en nuestra Hdad por el pregón que martilleó un año en Semana Santa. Su respuesta la dejo aquí: «Fue un pregón muy bonito y emotivo y todavía lo conservo con cariño». ¡Olé tú Salvador!

Ya desde aquí comencé a sentir los verbos del flamencos. Empecé a bajar lentamente por las entrañas de la oscuridad del teatro hasta sumergirme en lo trazado por esas seis mujeres, entre actrices y bailaoras, que contaban la historia con diferentes puestas en escena. P’a arrancar las butacas de cuajo, ole joé! Entre baile con alegría y dolor, ante la desgracia, ante la traición, con un lenguaje de guión de exclamación, ausencias, lamentos, eco de pena negra… y que sirva toda esa grandeza de escenas desde el principio hasta el final, entre esas rejas agarradas todas ellas y María cantando por seguiriya para parar a esa fiera perversa de la violencia de género y del desamparo de los refugiados que mueren en casa de papel.

Me fui a Sevilla para degustar pureza y la verdad en una obra. Una gran mujer hasta convertirse en una hechicera desengañada por su marido, mata a sus hijos, mata a la princesa con la que se iba a casar su marido…y más y más. Y no me equivoqué: Medea se tejió, se trazó y se trenzó su propia tragedia para que Pilar y María fraguaran “nuestra Medea”, la verdad flamenca de un mito.

Esas seis mujeres me trazaron el guión. Pero ahora había que comprender lo que la bailaora jerezana quería trenzar con Medea, una hechicera traicionada, con diferentes signos y señales vengativos de infidelidad. Pilar y María hicieron con “nuestra Medea” penetrar a aquel patio de butacas casi llenas una atmósfera de éxito bajo un ensordecedor ruido de palmas largos y con un mensaje: ¿Ya se acabó “nuestra Medea”?

Y dirán ustedes, ¿pero qué se fraguó allí? María del Mar Moreno, con su alta torre de bailaora flamenca, cogió su batuta, buscó los compases negros sin disimulo del nieto de  Magdalena Amaya Cortés (la Malena), Antonio, y esa puesta en escena por seguiriya cuando Medea lloraba a sus hijos y Antonio vaya como se quejó, ¡vaya manera de enterrar a los muertos, Medea! ¡Ole ustedes!Y otro momento que me fui herido fue el desafío entre Medea y su marido Jasón (Jesús Herrera). Bailando y echándose en cara la traiciones y advirtiéndole de sus signos y señales de hechicera. Me gustó muchísimo esas sombras oscuras y ocultas de Jesús en sus escenas. También el final: todos subidos en esa escalera de trípode bajo la melodía de una nana de Antonio y Mohamed.

Pero la batuta jerezana no tiene límite. Todo debía ser coordinado y organizado para que esta tragedia sea siempre recordada por su resaltar de todos los verbos del flamenco. Y lo han conseguido Pilar y María, desde la composición musical que era genial, te remetía en ese guión, las dos voces de mujeres (Zaira y Lela) con tejido de nuevos aires, pero de oscura llama; la voz de Mohamed Amine que le dió más de universal a lo ocurrido en Corinto en el siglo V (antes de Cristo) y el colorido de las escenas sublime, el sonido quebradizo como el llanto de una fragua. Enhorabuena y felicidades a toda esa gran familia artística de Medea, y acabo con una frase de Pilar Távora: «Pongo el riesgo que el arte debe correr cuando no se crea para complacer, sino para combatir a través de la sensibilidad y de lo que te duele y te sacude por dentro».