50 Caracolá Lebrijana
Plaza del Hospitalillo de Lebrija
Sábado, 25 de julio de 2015
Al baile: Concha Vargas.
Al cante: Carmen Vargas y Jesís Flores.
Guitarras de Curro Vargas y Luis Carrasco.
Palmas de Manuel y Juan Diego Valencia.
Buena propuesta la del viernes de la Caracolá. Un cartel cortito pero de mucho sabor. No sé los motivos, pero nos dio cierto desangelo al entrar, poca afluencia de aficionados. La verdad es que escuchar a El Pele no tiene precio. Solamente escuchar los acordes de la sonanta, llevándonos al mundo de Caracol, nos embauca, nos lleva y nos trae en una noria de gitanería y pellizco. Incluso nos lleva en esa vorágine en un tercio por nanas.
Continúa embriagándonos por tonás y sale un ángel del barrio de Santiago batiendo alas, surcando el escanario. La imagen de El Pipa apoyando la pierna sobre el monitor, escuchando a El Pele, para el recuerdo.
Tiempos de soleá para comenzar, recorrido soleá apolá en tonos bajos, rozando el suelo. Se va a Triana, incluso busca el romance y la termina por soleá por bulerías, lleno de poder. El genio de Córdoba sigue con unas seguiriyas a compás, de la que solo los privilegiados son capaces de hacer, partiéndose con el macho.
De nuevo participa Antonio El Pipa por alegrías, ambos funden los metales de Córdoba y Jerez. La aportación de los Cherokis, fundamental en palmas y coros, y continúan ellos solos haciendo un tema que nos recuerda nuestras pocas primaveras.
Nueva composición, un tema de Pedro Peña con el gusto e impronta suya. Y la fiesta por bulerias sin solución de continuidad, coplas, bulerías de Lebrija, etc, se El Pele se deja ir y se da su pataita.
Más compás de 3×4 para el baile, suave y elegante de El Pipa, con colaboración de dos aficionados para su momento también. Muy buen comienzo de Caracolá.
Todos teníamos en la cabeza aquella noche del 9 de septiembre de 1966, en la que se celebró la I Caracolá Lebrijana en el cine España de verano, hace ya 50 años. Muchos aficionados más jóvenes podemos imaginar cómo el entusiasmo de los primeros fundadores salvó todos los obstáculos y cómo la calidad artística del cante, el toque y el baile autóctono de Lebrija pudo con los incovenientes.
La noche del pasado sábado 25 de julio, en la plaza del Hospitalillo, también la altura de nuestros artistas lebrijanos pudo con una conmemoración demasiado larga sobre el escenario. Porque no fue el espectáculo lo que alargó la Caracolá hasta cercanas las seis de la mañana, sino el doble homenaje sobre el escenario: uno a los artistas del primer cartel, y el segundo a los fundadores de nuestro festival flamenco, los dos muy numerosos en cuanto al número de homenajeados.
El espectáculo «Flamencos de Oro», dirigido por Pedro María Peña y presentado por María Ruiz y Carmen Romero, comenzó con un buen video documental sobre los orígenes de la Caracolá. De la mano de los testimonios de Pedro Peña, Curro Sánchez, Curro Martínez e Isabel Mendaro, organizadores de los primeros encuentros, pudimos saber los problemas y el entusiasmo que llevó a un grupo de aficionados a organizar nuestro primer festival flamenco. Para Pedro Peña, «conseguimos nuestro principal objetivo, que el público participara en el alumbramiento e hiciera suya la Caracolá».
Palabras y voz en off para el recuerdo de los principales artistas que han pasado por la Caracolá: Juan Peña «El Lebrijano» y Curro Malena, ambos ausentes por motivos de salud; y María Fernández la Perrata y Pedro Bacán, que en paz descansen. Continuas referencias al cante de Lebrija y a sus artistas, que representan al flamenco más auténtico: «el cante que nos gusta de verdad, el que pone los vellos de punta», añade Pedro Peña, «el cante de los gitanos flamencos, que corre el riesgo de agachonarse» pero que en Lebrija supera su prueba de resistencia, como los 50 años de Caracolás.
El acto estuvo presidido por la alcaldesa de Lebrija, María José Fernández, y la delegada de Cultura, Tamara Carrasco. Los fundadores de la primera Caracolá, reunidos en torno a la figura de Pedro Peña, recibieron el Caracol de Oro: Antonio Gómez “El Piro” y en su nombre su hija Antonia Gómez; Vicente Peña, y en su nombre su hijo Antonio Peña; Bernardo Peña, y en su nombre su hija Tere Peña; Eusebio Mendaro, y en su nombre su mujer Isabel Trujillo; Benito Dorantes, Ramón Aumesquet, Curro Martínez, Francisco Carrasco “El Paula”, Curro Sánchez de CiclosRadio, y el propio Pedro Peña, que tuvo oportunidad para dirigirse al público.
Los artistas del primer cartel quizás hubieran tenido mejor homenaje en otro contexto, o bien en el día en que se colocó la placa en el antiguo cine España, placa en la que aparecen todos sus nombres, o en la Casa de la Cultura, donde se han celebrado numerosos actos previos al festival. A pesar de las dificultades derivadas por la edad y salud de los homenajeados, fue muy emotivo ver subidos en el escenario a Miguel Funi, la hija de Diego Vargas, el hijo de Curro Malena, Paqui Peña, el Niño de la Blanquita y Manolito Romero, además de Juan Peña el hijo de “El Lebrijano” que trasladó unas palabras muy emotivas de parte de “la leyenda viva del flamenco” desde su convalecencia en el hospital.
Juan Peña Cortés, acompañado de su hijo en el escenario, llamó a la unidad de las familias gitanas de Lebrija: «por separado no somos nada, pero unidos somos todos un puño» y trasladó palabras de gratitud de su padre «El Lebrijano» al pueblo de Lebrija: «besos de mi padre que se siente parte de este pueblo».
Miguel Funi también tomó la palabra y defendió la autenticidad del flamenco. «Es muy importante sentir las cosas, hablar con el corazón, porque el cante es poesía». José Vargas “El Viá” recogió su premio desde su butaca de manos de la alcaldesa, que se dirigió finalmente al público cuando el acto protocolario se hacía ya demasiado largo: «La Caracolá ha escrito con letras de oro su historia» y «esto es un acto de gratitud a sus fundadores y a la buena afición que hay en Lebrija», teniendo palabras especiales para al Hermandad de los Gitanos y al Peña Flamenca «Pepe Montaraz» de Lebrija.
Como aseguraba Pedro Peña en el homenaje «a mí me gusta el cante de los que han vivido ya más de 50 años», así que a la Caracolá Lebrijana le queda lo mejor de sí misma.