La versión actual de Persecución con la dirección musical de Pedro María Peña y la voz de José Valencia transmite verdad como 50 años atrás

Traerse una obra maestra como es Persecución al siglo XXI tiene su riesgo. Lo primero, porque Juan Peña El Lebrijano grabó, con los textos de Félix Grande, un álbum que revolucionó el arte flamenco, sin despegarse de la esencia, y supo atender la necesidad del pueblo gitano de contar su historia de persecuciones y resistencia de una forma magistral. Como cualquier obra de arte de estas dimensiones, mejor no tocarla.
Sin embargo, desde el conocimiento y la cercanía al maestro, su sobrino Pedro María Peña y el cantaor José Valencia, han sabido revisar la obra y reproducirla sobre el escenario cincuenta años después. Se rata del disco, respetando prácticamente el orden y los cantes, en la voz de José Valencia. Y es también el legado de la guitarra de Pedro Peña Fernández, que acompaña en el disco al cante junto a Enrique de Melchor, en las cuerdas de su hijo Pedro María Peña.
La voz en off de Tere Peña es otra muestra más de esa revisión desde lo íntimo y cercano. El espectáculo comienza y acaba como el disco, con Libres como el aire, un cante de caravana que designa la libertad del pueblo gitano como seña de identidad. José Valencia continúa, de la mano también de la guitarra compañera de Juan Requena, con las bulerías de Sangre, Sangre, en Lebrija acompañado de las palmas y los coros de Los Mellis de Huelva y Pedro Peña jr. La maestría de El Lebrijano se confunde con la de José Valencia en los tientos y el romance encadenado, que relata la historia del siglo XV contra los gitanos para vergüenza de los reyes y mandamases del momento.
Se podía haber quedado en eso, en una revisión o estudio de una obra musical. Pero la versión actual de Persecución transmite verdad como 50 años atrás, conmociona y conmueve, y reivindica la libertad e identidad de un pueblo que aún en nuestros días se revuelve contra las injusticias vividas. La producción del espectáculo añade la voz de Anabel Valencia, que entona las galeras como una plegaria:
«Parar el tiempo yo quisiera
si eso estuviera en mis manos
que no vayan a las galeras
mis niños que son gitanos».
Y el baile enérgico de Nazaret Reyes, que cuenta con el instinto básico y la mirada experta de su madre Juana Amaya, para hacer frente a las bulerías y la caravana.


La historia del pueblo gitano avanza siglo tras siglos, y los últimos cantes se refieren a otros episodios y otras persecuciones como la Gran Redada en el siglo XVIII, un intento de exterminio del pueblo gitano al que se le negó incluso el cobijo en las iglesias. Las voces de José Valencia y Anabel Valencia se alternan en la taranta y los tangos, para finalizar con una magnífica seguiriya que José Valencia canta de pie en honor de sus antepasados. El cante por caravanas cierra el espectáculo en un sobrecogedor e intenso cuadro final, con todos sobre el escenario. Aparece la figura de Juan Peña al fondo arrancando la ovación del público.











