El espectáculo de MANUEL DE PAULA hace deslumbrar el espejo de la memoria flamenca

El cantaor lebrijano invita a los artistas José Valencia, Anabel Valencia, Diego de la Margara y otros miembros de su familia

La noche caracolera del viernes 19 de julio se presentaba en el teatro municipal «Juan Bernabé» de Lebrija con el espectáculo El Espejo de la Memoria de Manuel de Paula, Caracol de Oro 2019.

La memoria guarda recuerdos de noches exitosas, noches iluminadas, noches mediocres… pero siempre serán noches de espejo para toda la vida, a lo que llamamos ahora experiencia. Y así supo el artista lebrijano organizar un evento para su Caracolá. Digo «su» porque ha sido el festival de su Caracol de Oro.

El cante grande del niño del Caneco reunió a voces cuyos secretos albergan entre los rincones en sombras del cante. El mismísimo Jose Valencia y Anabel Valencia, voces nuestras, voces de la verdad de los códigos gitanos, voces que Manuel sabe valorar y sabe exponerlas en sus obras teatrales, discos… su gente de palmeros como Juan Diego y Juanichi, y su familia como bandera: en este espectáculo contó con su hermana Josefa y sus sobrinas Juana Isabel y Ana para cantar y bailar.

La puesta escénica del Bene del Bocho, artista de gusto y que sabe exponer lo que esconde el velo negro del flamenco. Y si me pincha más, del velo negro romaní. Al acompañamiento tres guitarras de pura cepa, vaya bordoneos más sangrientos de Curro de la Concha, Benito de Penaca y Luis del Pancere.

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54 Caracolá Lebrijanaa 2019_Espectáculo El Espejo de la Memoria de Manuel de Paula

Había mucha ganas de ver la reaparición de Manuel, de escucharlo y ver derramado su bote de la esencia. Muchísima expectación sobre el artista de Ana la Canaria. Marcaban las manecillas un poco más de las 21:30 h de la noche, lleno de butacas y palcos, luces encendidas y presencia en pose fotográfico de todo el elenco de la obra. Dos poses, dos significados, un ante y un después, detrás un marco de paredes y una entrada con una viga de gañanías y cortijo… o un patio de vecinos de nuestra tierra, la cal símbolo primordial, blanco sentir, “esta tierra es la mía», “campo joven»… telarañas de Manuel de Paula, el primer marco mencionado ha sido un tesoro cultural de muchísimas necesidades para el pueblo gitano lebrijano, muchas duquelas pero buena convivencia en reuniones flamencas.

Antonio Murciano en el primer disco del Caracol de Oro del 2019 lo describió: “es un pequeño milagro moreno de Andalucía» y así comenzó el espectáculo: un pequeño moreno reencarnado por Juan Diego hijo que se va a jugar con un trompo (sonío a Chachipén, significado de ida y vuelta) como de los pocos símbolos de juego que en aquellos años tenían, porque los juegos eran todo chismes de la naturaleza y de la imaginació… y de repente escucha dentro de esas paredes una reunión por fiestas, despertó su sueño, se corrieron ventanas y abrieron puertas para que el hijo cantaor del Caneco hiciera su trayectoria. De aquí hasta la actualidad muchos trabajos discográficos, obras teatrales, muchos festivales, recorriendo valles y montañas por el mundo, pero todo bajo su bandera de Lebrija, de Lebrija y otra vez Lebrija.

Empieza a ver luz la memoria del sobrino cantaor de Antonia Pozo, siguiente esta escena deslumbra la sombra de Mario Maya por allí, referente bailaor de uña y carne de Manuel, y deciden Camelamos Nakerar (queremos hablar) de la mano del cabeza de cartel y baluarte en la obra, José Valencia, se derrama tragedia ¡el niño se ha perdío! Nuestras almas se llenaron de tinieblas, imperioso, de pie, negra pena que se llora porque no encuentran al niño, seguiriya a pecho encendío, después se rodea entre búcaros y botijos de la tierra para realzar la cantiña, y acaba por bulerías con letras que tiene siempre puestas en su tendeero musical y que nunca puede guardar, ¡a Lebrija! contigo rezaremos con el flamenco a lo grande.

A partir de aquí se empieza a deslumbrar el espejo de la memoria flamenca y errante de Paula, coros muy acordes y buena sintonía, su hermana Josefa en nana da historia a la niñez de su hermano y después por bulerías, sus sobrinas le acunan con baile, entre coros y canto a nivel personal.

También tuvo su momento aunque cortito una mujer duendeada lebrijana, aquí de ojana ná. Anabel Valencia hace lo que quiera y como quiera donde se le antoje. Su madre la Remolina la parió para ser referente en el cante y transmitirle a los asistentes que el flamenco se viste de luto y cuándo se tiene que quitar el luto. Nakeró por caña y que todos la camelamos, se introdujo en coros y nos hirió por bulerías, un espejo especial para la memoria del Caracol de Oro.

El dibujo de baile lo vivimos y lo percibimos con Diego Garrido Valencia el de la Margara. Bailaor de cuna, de inspiración, lejos de tecnicismos, es baile de capote de Paula o muleta al natural de Morante, en el patio de An Ca Paula se cayeros los escaliches de cal en su pincelada por bulerías.

Pero los focos estaban puestos en Manuel de Paula Valencia, había ganas de escucharlo, otra obra más pero ésta quizás sea especial por su largo peregrinar en la ausencia y por otorgarle el mayor reconocimiento flamenco en su tierra: el Caracol de Oro, siempre será bien recibido aunque un poco tarde.

Manuel reapareció en el «Juan Bernabé» con su chaquetilla al hombro, al encuentro de los suyos y con el peso ya consagrado del fervor flamenco, nos invitó a rezar “jondo”, que es la devoción de su pueblo, y Manuel no tiene ni le busques otra, es su autenticidad, y así se lo demostró el beso que le dio su hermana en la frente, cobijo cabal.

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54 Caracolá Lebrijanaa 2019_Espectáculo El Espejo de la Memoria de Manuel de Paula

Uno de los momentos de canela fue cuando el artista lebrijano se acercó a esa pared de cal y se recreó en su memoria con el pase de fotografías, después por soleá acompañado por las cuerdas de camisas rotas de Velázquez, me hicieron ver que el suelo teatral era tierra sin labrar entre cañas del río, hicieron llorar el calvario de la soleá ¡qué tragedia tan jonda y tan callá! Y fueron letras que grabó con Bacán y que la embarnizaron en el teatro , después se puso el delantal de sastre para dar pespuntes abronceado por bulerías, lo que su sangre sabe gritar: ¡por Lebrija!

En definitiva, fueron escenas donde hubo detalles de su recorrido profesional, todo tenía un significado con Paul , era la justicia de su cante… a algunos le gustaría menos y a otros más, algunos no le encontraban significado a momentos y otros desde el primer segundo se introdujeron en la obra. Pero lo que es verdad es que su recorrido en el flamenco es como oro en paño, su cante pasa solo por la puerta de mármol negro y que no hay tapujos ni rodeos, no sé si seguirá cantando, pero sí es seguro que su aporte con su sabiduría y saber estar será presente y futuro para cualquier proyecto flamenco: «cuando se interpreta el pasado como el lugar de donde traer el futuro”. ¡Enhorabuena Manuel!

Reportaje fotográfico del El Espejo de la Memoria_fotografías de ARACELI PARDAL

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54 Caracolá Lebrijanaa 2019_Espectáculo El Espejo de la Memoria de Manuel de Paula

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54 Caracolá Lebrijanaa 2019_Espectáculo El Espejo de la Memoria de Manuel de Paula

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54 Caracolá Lebrijanaa 2019_Espectáculo El Espejo de la Memoria de Manuel de Paula

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54 Caracolá Lebrijanaa 2019_Espectáculo El Espejo de la Memoria de Manuel de Paula



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54 Caracolá Lebrijanaa 2019_Espectáculo El Espejo de la Memoria de Manuel de Paula

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54 Caracolá Lebrijanaa 2019_Espectáculo El Espejo de la Memoria de Manuel de Paula

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54 Caracolá Lebrijanaa 2019_Espectáculo El Espejo de la Memoria de Manuel de Paula

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54 Caracolá Lebrijanaa 2019_Espectáculo El Espejo de la Memoria de Manuel de Paula

Los buques insignias del flamenco en la #54Caracolá de Lebrija

Jesús Méndez, Diego del Morao y El Farru trajeron su equipaje lleno de piedras de cal en cante, toque y baile

Tres buques insignias, dos de Jerez y uno de Sevilla, anclaron la noche del sábado caracolero en las marismas de Lebrija. Cada uno llegó con su equipaje lleno de piedras de cal en cante, toque y baile para el encalado de un patio de la Lebrija antigua, aquí donde dormían las bestias, donde se guardaban cosechas, donde descansaba el vino en la bodega… aquel patio de monjas y curas ya no lo encalan más después de la noche flamenca de ayer, el año que viene Dios dirá.

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54 Caracolá Lebrijana 2019_Flamenco con Jesús Méndez, Diego del Morao y El Farru

Eran las 11 de la noche pasadas cuando se subieron al escenario Jesús Ruiz, Diego Moreno y Antonio Fernández. Y dirán muchos ¿quiénes son? Pues os adentro más en los misterios del flamenco tanto en el cante, toque y baile. Y digo Jesús Méndez, Diego del Morao y al baile, el segundo hermano de los Farruco, el Farru.

Venían con un espectáculo a los caracoles flamencos de Lebrija con un buen equipaje en su espaldas, cal de las buenas por ser de donde vienen cada uno. De Paquera, de Moraíto Chico y de los Farruco. ¡Cierra la  puerta y no dejármela entorná!

Jesús Méndez nos deleitó con un abanico amplio en su repertorio: alegrías, malagueñas, soleá por bulerías, seguirillas, bulerías acordándose de Luis de la Pica y de Rafael de Paula, y su participación con Farru. Cada uno con su propio estilo apaquerado y con su elegancia y escenario de torero. Se va para su casa y no se le arrugan ni los picos de la chaqueta, ¡tremendo Jesús!

Quizás, y es mi opinión personal, donde no me gustó mucho fue en ese ajuste de organización entre la actuación de Farru y después entró él por seguirillas. Lo noté que le costó entrar y quizás fuera porque el desgaste de cantarle al Farru y después del huracán que nos dejó Antonio Fernández le hubiera pegado hacer algo más de compás y más alivio. Pero es así y con sabiduría y entrega salvó las manillas del reloj.

Traía Jesús para acompañarle una guitarra de mucho peso. Un músico de cabeza hasta los pies. Hijo del mismísimo Moraíto Chico (mi ejemplo a seguir): Diego del Morao. Este tocaó de niño dormiría en una cuna donde los palos de los varandales serían cuerdas y entre llanto y llanto se calmaría tocando las cuerdas. ¡Ole Diego! vaya repertorio musical.

Y la participación del bailaor tuvo sus momentos de tener al lleno del patio muy atento y muy metido en el sonar de su arte. Cada zapateado un grito de donde reviene, sus gestos y sus movimientos transmiten la tragedia de lo que le gusta y duele. Fue cortita su entrada y salida pero dejó el sello afarrucado entre aquellos naranjos culturales de Lebrija.

Eran más de las 12 y media cuando acabó una noche más de Caracolá, desembarcaron tres buques referentes en el flamenco en Lebrija y dejaron su carga de buena cal.

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54 Caracolá Lebrijana 2019_Flamenco con Jesús Méndez, Diego del Morao y El Farru

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54 Caracolá Lebrijana 2019_Flamenco con Jesús Méndez, Diego del Morao y El Farru

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54 Caracolá Lebrijana 2019_Flamenco con Jesús Méndez, Diego del Morao y El Farru

 

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54 Caracolá Lebrijana 2019_Flamenco con Jesús Méndez, Diego del Morao y El Farru

La verdad flamenca del mito de nuestra Medea

Dirección y guión de Pilar Távora con la batuta jerezana de la bailaora María del Mar Moreno

Hay mitos y leyendas desde el Mediterráneo al Atlántico, por el sur de Europa, que están en un pozo sombrío, sedimentado, cristalizado… pero nunca olvidado (ejemplo lo que ha hecho Pilar Távora). Y si les das una degustación a Lebrija, a Jerez, a Triana, a los Puertos, a la Alameda de Hércules (ay, tengo sangre en la boca), así los podemos disfrutar los apasionados de este lenguaje tan nuestro como es el flamenco.

Pilar Távora rebuscó en esas aguas históricas, errantes… y tejió de su espacio infinito de interpretación a una mujer de las entrañas de la tierra griega para aflamencarla y presentarla al mundo en Sevilla, en el Lope de Vega fue donde se fundió el lamento con el quejío, el desafío del desamor con el desgarro de la infidelidad. Hubo tanta verdad en las tablas que conmocionó hasta lo más hondo, y precisamente la jondura y  la pureza nos marcó el territorio del flamenco sin fronteras, relojes paraos, hasta que volvió a sonar el llanto de “nuestra Medea”. Crucé con Juan Diego Carrasco el horizonte griego, pero con la negrura de la mismísima memoria.

Nada más entrar en ese paraíso de Teatro me encontré a uno de los Hijos Predilectos de Iulia Romula Hispalis, que en lenguaje latín es Hispalis, al mismísimo Salvador Távora. Quería hablar con él y escuchar su sabia. Le dije que era de Lebrija, que pertenecía a la Hermandad de los Gitanos y que este año estamos celebrando los 50 años de su reorganización y que su nombre está escrito en Lebrija y sobre todo en nuestra Hdad por el pregón que martilleó un año en Semana Santa. Su respuesta la dejo aquí: «Fue un pregón muy bonito y emotivo y todavía lo conservo con cariño». ¡Olé tú Salvador!

Ya desde aquí comencé a sentir los verbos del flamencos. Empecé a bajar lentamente por las entrañas de la oscuridad del teatro hasta sumergirme en lo trazado por esas seis mujeres, entre actrices y bailaoras, que contaban la historia con diferentes puestas en escena. P’a arrancar las butacas de cuajo, ole joé! Entre baile con alegría y dolor, ante la desgracia, ante la traición, con un lenguaje de guión de exclamación, ausencias, lamentos, eco de pena negra… y que sirva toda esa grandeza de escenas desde el principio hasta el final, entre esas rejas agarradas todas ellas y María cantando por seguiriya para parar a esa fiera perversa de la violencia de género y del desamparo de los refugiados que mueren en casa de papel.

Me fui a Sevilla para degustar pureza y la verdad en una obra. Una gran mujer hasta convertirse en una hechicera desengañada por su marido, mata a sus hijos, mata a la princesa con la que se iba a casar su marido…y más y más. Y no me equivoqué: Medea se tejió, se trazó y se trenzó su propia tragedia para que Pilar y María fraguaran “nuestra Medea”, la verdad flamenca de un mito.

Esas seis mujeres me trazaron el guión. Pero ahora había que comprender lo que la bailaora jerezana quería trenzar con Medea, una hechicera traicionada, con diferentes signos y señales vengativos de infidelidad. Pilar y María hicieron con “nuestra Medea” penetrar a aquel patio de butacas casi llenas una atmósfera de éxito bajo un ensordecedor ruido de palmas largos y con un mensaje: ¿Ya se acabó “nuestra Medea”?

Y dirán ustedes, ¿pero qué se fraguó allí? María del Mar Moreno, con su alta torre de bailaora flamenca, cogió su batuta, buscó los compases negros sin disimulo del nieto de  Magdalena Amaya Cortés (la Malena), Antonio, y esa puesta en escena por seguiriya cuando Medea lloraba a sus hijos y Antonio vaya como se quejó, ¡vaya manera de enterrar a los muertos, Medea! ¡Ole ustedes!Y otro momento que me fui herido fue el desafío entre Medea y su marido Jasón (Jesús Herrera). Bailando y echándose en cara la traiciones y advirtiéndole de sus signos y señales de hechicera. Me gustó muchísimo esas sombras oscuras y ocultas de Jesús en sus escenas. También el final: todos subidos en esa escalera de trípode bajo la melodía de una nana de Antonio y Mohamed.

Pero la batuta jerezana no tiene límite. Todo debía ser coordinado y organizado para que esta tragedia sea siempre recordada por su resaltar de todos los verbos del flamenco. Y lo han conseguido Pilar y María, desde la composición musical que era genial, te remetía en ese guión, las dos voces de mujeres (Zaira y Lela) con tejido de nuevos aires, pero de oscura llama; la voz de Mohamed Amine que le dió más de universal a lo ocurrido en Corinto en el siglo V (antes de Cristo) y el colorido de las escenas sublime, el sonido quebradizo como el llanto de una fragua. Enhorabuena y felicidades a toda esa gran familia artística de Medea, y acabo con una frase de Pilar Távora: «Pongo el riesgo que el arte debe correr cuando no se crea para complacer, sino para combatir a través de la sensibilidad y de lo que te duele y te sacude por dentro».