La Pasión de Jesucristo según El Lebrijano

LebrijaFlamenca.com celebra la Semana Santa confinada escuchando el disco Lágrimas de Cera #QuédateEnCasa

Flamenco

Lágrimas de Cera de Juan Peña El Lebrijano_año 1999

Juan Peña El Lebrijano estaba muy orgulloso de esta obra musical. Y no es para menos. Un disco muy flamenco en el que introduce no una, sino un manojo de innovaciones.

Para empezar Lágrimas de Cera (año 1999) es un disco conceptual, o sea, trabaja un concepto y mantiene una historia de principio a fin. En este caso es la historia de la Pasión de Jesucristo, la misma que se describe en la Semana Santa, especialmente andaluza. El Lebrijano se inspira en las tradiciones y en la estética de nuestra Semana Santa para rezarle a su Cristo Manuel con ese sello musical que solo él supo crear. Está inspirado en situaciones y sonidos que se dan en esta época del año en los pueblos de Andalucía.

Se acompaña de la guitarra de Antonio Moya y de un grupo o mezcla de músicos de diferentes países y tradiciones musicales. Acababa de publicar Casablanca y se queda con algunos de los músicos de la Orquesta Arábigo – Andaluza, como los hermanos violinistas Faiçal y Reduan Kourrich y otros muchos instrumentos de tradición árabe. El coro de voces búlgaras Bulgarka Junior y la cantante rusa Sainkho Namtchylak son solo una muestra de la enorme capacidad de El Lebrijano para rodearse de los mejores músicos y asimilar otras manifestaciones culturales. Además, el disco está producido por el músico francés Hughes de Courson.

A la Semana Santa se había cantado por saetas. El Lebrijano ofrece todo un abanico de palos dedicados a narrar la semana más grande para los cristianos. Nos cuenta Antonio Moya cómo fue el proceso creativo, que se fue fraguando en el estudio. Cada músico aportaba su granito de arena y cómo, de la improvisación, salían ideas geniales. Antonio Moya considera Lágrimas de Cera “una obra magna” de El Lebrijano. “Es un disco para saborearlo tema a tema y para saber lo que se está escuchando”.

Durante esta Semana Santa vamos a ir conociendo uno a uno todos los temas: saetas, alboreás, seguiriyas, cantes de estilo libre y propio se suceden en una publicación que roza la perfección. La riqueza musical mantiene la idea de El Lebrijano como director de orquesta. Una Semana Santa 2020 que vamos a vivir de manera muy especial, dentro de nuestras casas para parar el contagio del #coronavirus. Nuestro romero bueno y los mejores vagíos van para Juanito, con todo el deseo de verlo pronto por las calles de Lebrija.

El disco completo lo puedes oir aquí LÁGRIMAS DE CERA.

Inés Bacán a la orillita del Guadalquivir

La cantaora lebrijana muestra, junto a la guitarra de Antonio Moya, lo más íntimo del flamenco en Triana

Inés Bacán saluda a sus conocidos en el público y les dedica el recital. Entre la gente, la cantaora reconoce a sus incondicionales. También están los que, atraídos por el buen gusto en la programación y por el lugar tan recogido en pleno corazón de Triana, es la primera vez que van a escuchar a la lebrijana. Dichosos también.

Cien únicas sillas y la ausencia de megafonía. El río Guadalquivir prácticamente se oye a la derecha del escenario. Inés Bacán es la mejor abanderada de ese flamenco íntimo que desafía las leyes del tiempo. Acompañada de la guitarra noble y respetuosa de Antonio Moya, la cantaora va desgranando los cantes que representan el patrimonio musical de las familias gitanas de esta tierra de la baja Andalucía.

Solo cabe hablar de cante. El cante es el único motivo que nos convoca. La casita donde habita Inés Bacán es de polvo y arena, por tientos nos describe una humilde fortuna cargada de un tesoro intangible. Las bamberas llegan más ricas en matices, como una campanillita en las manos de un platero. Si hay un cante que define una familia, un territorio, una herencia, son las cantiñas de Pinini. Inés comienza aquí a enredar las tonalidades, como las zarzamoras por los vallaos, su cante es pura naturaleza. Por fandangos sigue definiendo su estilo, único en los escenarios de este siglo XXI.

Compases flamencos para la nana que Inés ha convertido en un género propio. Mece el cante entre sus brazos y el público no tiene más que agradecimiento. Antonio Moya aprieta la boca y surge la soleá como cante grande y ancestral, desde las minas de Egipto al bajo Guadalquivir. Finalmente se rompe en las seguiriyas, en las que no busca recovecos. Va directa al cante, como decíamos, su voz como único legado. Su única prebenda.

Fin del espectáculo por bulerías. El compás por excelencia, que ella detiene por romances, dueña del espacio y de los tiempos.

Reportaje de fotos de ARACELI PARDAL

Flamenco

INÉS BACÁN y ANTONIO MOYA en el ciclo Íntimos de Triana en Flamenquerías




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INÉS BACÁN y ANTONIO MOYA en el ciclo Íntimos de Triana en Flamenquerías

PALMA DE PLATA CIUDAD DE ALGECIRAS PARA ROMnía Mujeres gitanas

Inés Bacán, Dolores Agujetas y tía Juana la del Pipa, cada una con una personalidad diferente de carácter arrollador

Son mujeres gitanas que han aprendido el cante en sus familias. La transmisión de un arte que antes de todo ha sido una manera de expresión necesaria y original. Las cantaoras Inés BacánDolores Agujetas y tía Juana la del Pipa reciben este año 2019 la Palma de Plata “Ciudad de Algeciras”, que en esta edición reconoce el cante de los gitanos flamencos de la Andalucía del bajo Guadalquivir.

Cada una de ellas con una personalidad diferente, de carácter arrollador. Mujeres poderosas, que transmiten una energía en los escenarios que va más allá de la propia condición del arte. El cante les pertenece. Han escuchado cantar en sus casas y en sus fiestas, y es imposible ponerle fecha al origen de esa sabiduría milenaria.

Mujeres con un oído privilegiado, que entonan de manera instintiva. Artistas provistas de un compás que conduce el cante por unos derroteros inalcanzables.

El flamenco, en su origen y en su esencia, es una expresión. Es la forma que tienen los gitanos andaluces de transmitir, no solo sus sentimientos sobre el escenario, sino también su identidad y su historia, cargada de penalidades y persecuciones.

Estas mujeres flamencas tienen asociado el cante a sus vivencias, familiares en el plano personal y colectivas en el plano universal. Cantan lo que les ha tocado vivir, lo que les han enseñado las generaciones anteriores. Transmiten con su voz las penas y las alegrías de un pueblo que ha sufrido y ha sabido superar leyes y condenas. La manera de cantar de estas gitanas nos dice mucho también de la identidad de un pueblo. El cante gitano se reafirma constantemente en su música, en la tonalidad, en el ritmo y en el desgarro.

También son mujeres de su tiempo. En una época en la que el flamenco se dulcifica para llegar a más gente, estas mujeres han tomado las riendas de sus carreras profesionales y se sitúan en el escenario con toda su fuerza. No renuncian a su pureza por las leyes del mercado y, es finalmente el mercado el que cae rendido a sus pies. No hay festival flamenco que se precie que no recurra a este caudal del cante, a la sabiduría que ellas representan.

La intensidad de sus cantes y la manera de expresión, con pellizco y con osadía, sitúan a estas tres mujeres en la primera fila del flamenco. Ahora sus nombres figuran ya entre los más grandes de cualquier época, gracias al interés desprendido de la Sociedad del Cante Grande de Algeciras, que junto a Antonio Mairena, Fosforito, Fernando Terremoto, Caracol, La Perla de Cádiz y otros muchos artistas, les reconoce su lugar en la historia del cante.

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Palma de Plata Ciudad de Algeciras a las mujeres gitanas 2019

INÉS BACÁN

La dulzura se vuelve implacable cuando Inés Bacán alza sus puños al cielo, con rabia, pero también con resignación. La artista de Lebrija mece el tiempo con un conocimiento innato. Ralentiza el compás en un romance por bulerías y por soleá se acuerda de su padre Bastián Bacán: “Escaleritas de vidrio, por unas suben mis penas, por otras baja mi alivio”.

Todo queda en casa. La digna heredera de la saga de los Pinini acoge el premio con orgullo y alegría. No es para menos, antes lo han recibido sus primas Fernanda y Bernarda de Utrera, sus tíos Perrate y Perrata de Utrera y su primo Juan Peña “El Lebrijano”. Las dinastías gitanas de Lebrija y Utrera hermanadas con Algeciras gracias a la generosidad y el reconocimiento de su peña flamenca.

Inés Peña Peña tiene en su haber varios discos y grabaciones para la historia. Es muy solicitada en Francia, donde disfruta de un gran prestigio junto a su hermano, el desaparecido y añorado Pedro Bacán. Su alma flamenca se eleva sobre los escenarios, dejando al público, en la mayoría de los casos, extasiados con su grandeza de espíritu.

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Palma de Plata Ciudad de Algeciras a las mujeres gitanas 2019

DOLORES AGUJETAS

Hija y nieta de Agujetas, perteneciente al sello de la casa real del cante de Jerez. Visceral, canta directamente desde las entrañas. Por seguiriyas y por fandangos, va soltando sentencias una detrás de otra: “En la tumba de mi mare, sembré flores colorás / como las sembré con llanto, aprendieron a llorar las flores del camposanto”.

Un dolor inquebrantable. Dolores de los Santos Bermúdez ha viajado por el mundo, ha participado en numerosas grabaciones y representa el cante de Jerez en los principales festivales flamencos. Improvisa sobre el escenario, hace letritas cortas y para invocar a los duendes le basta con su garganta de estirpe gitana.

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Palma de Plata Ciudad de Algeciras a las mujeres gitanas 2019

TÍA JUANA LA DEL PIPA

Se sabe una privilegiada por haber nacido en pleno barrio de Santiago de Jerez del seno de una reconocida bailaora. Su voz y su manera de estar sobre el escenario son únicas. Profesional como la que más, Esta artista genuina se echa al río y coge camarones con el vestío.

Combativa y provocadora, la cantaora que se baila a sí misma, o la bailaora que conoce el cante, es una artista integral sobre el escenario. Juana Fernández de los Reyes canta por bulerías de Jerez: “Te quise sin darme cuenta, y ahora que olvidarte yo quiero, qué trabajito me cuesta”. Representa al cante de Jerez en diversas grabaciones y espectáculos, y en la última Fiesta de la Bulería de 2019 cantó por soleá para rabiar.